Autoestima y Adolescencia: cómo desarrollar una autoestima alta y positiva.

La manera en que la sociedad ve al individuo influye en la manera cómo este se ve a él mismo y debido a esto la familia, los amigos y profesores tienen un gran impacto en el desarrollo de la autoestima.

El periodo que se considera de gran importancia para la formación de la autoestima es la  adolescencia (de los 12 a 19 años de edad aproximadamente), no obstante, es una etapa en donde se es más propenso a experimentar una disminución de ésta. En la adolescencia se viven nuevas experiencias que en ocasiones pueden ser estresantes: sube la carga académica, gana mucha importancia el grupo de iguales, se busca la independencia y separación de los padres, intentos por definir la identidad, primeros intereses sexuales, entre otros. La visión que cada adolescente tiene de sí mismo se ve desafiada al igual que su estabilidad emocional, lo que ocasiona que la autoestima sufra fluctuaciones más o menos significativas.

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Autoestima y Adolescencia: Forjando conceptos

En los últimos años, muchos expertos han llegado a reconocer la autoestima como una necesidad humana ya que hace una contribución esencial al proceso de la vida siendo indispensable para el desarrollo normal y saludable de los individuos.

Pero ¿qué es la autoestima? Si tuviésemos que resumirla en una frase, ésta sería: La valoración de uno mismo como persona. Es decir, la autoestima es cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás en las distintas áreas de nuestra vida. Esta valoración es dinámica, y cambia según distintos factores que interactúan entre sí, no se nace con autoestima sino que va surgiendo y creciendo a lo largo de la vida del individuo, desarrollándose con las experiencias y reacciones de los demás.

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¡Socorro! Mi hijo es preadolescente

A partir de los 8 años (y hasta los 12, en función de la persona) algunos de nuestros hijos ya podrían entrar en la temida “preadolescencia”. Esta etapa está repleta de todo tipo de cambios: el pudor se incrementa incluso en casa, los cambios en el cuerpo (vello, menstruación, crecimiento de senos, cambios en la voz, etc.) empiezan a producirse, comienzan los primeros “amores” adolescentes, la imagen corporal es por primera vez una gran preocupación, los temas trascendentales empiezan a ser un centro de preocupación, etc. Esto ocurre porque el niño que era antes comienza una etapa de transición hacia la vida adulta y crece en las tres esferas del ser humano: la biológica, la psicológica y la espiritual.

En esta etapa de cambio ser padre no es fácil. Tras más o menos diez años cuidando y manteniendo a tu “bebé”, ahora parece que no puedes saber qué le ocurre, no permite que entres en el baño cuando está él, no quiere que le ayudes a vestirse, se niega a que le lleves y recojas de sus planes o sientes que hace lo contrario a lo que le pides para molestarte.

No te preocupes, tu hijo no ha dejado de quererte, solamente está dejando de ser un niño y se está convirtiendo en un adolescente. Y, aunque esto es un proceso natural, puede estar lleno de peligros debido a lo que esto supone.

Es conveniente entender cómo es el cerebro de nuestros hijos para comprender lo que supone esta etapa evolutiva.

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Mitos y realidades del suicidio adolescente

El suicidio es la principal causa de muerte no natural en nuestro país (Observatorio del Suicidio en España, 2017). La conducta suicida es más que quitarse la vida (suicidio consumado), por ello, se plantea como un continuo cuyos polos son bienestar-suicidio consumado y en las posiciones intermedias encontramos la tentativa, ideas de muerte, planificación, etc.

Centrándonos en la etapa de la adolescencia, la prevalencia de la ideación suicida gira en torno al 32% y los intentos de suicidio alrededor del 4% (Bousoño et al., 2017; Carli et al., 2014). Estas cifras son muy altas, estimándose que por cada 20 tentativas de suicidio una persona realiza el suicidio consumado. Por tanto, aproximadamente un 2,5% de la población al menos realizará un intento de suicidio a lo largo de su vida (Borges et al., 2010).

En este artículo, queremos hablar de los mitos que hay alrededor de esta conducta. Pero previamente, nos gustaría repasar la importancia de algunos factores.

Factores protectores.

Disminuyen la probabilidad de aparición de los pensamientos y/o intentos de suicidio. Dentro de estos factores podemos encontrar

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El crítico interno.

En muchas ocasiones, nos sentimos mal y no conseguimos avanzar en nuestros propósitos porque surge dentro de mi una voz que me dice cosas como: «no puedo», «no valgo», «soy tonto». Es lo que llamamo el crítico interno pero para entender cómo se forma, debemos saber que todos en nuestro interior llevamos a cabo un diálogo interno.

¿Qué es el diálogo interno?

Se trata de la forma en la que hablamos con nosotros mismos. Para algunas personas sería un monólogo constante que comenta todo aquello que hacen, mientras para otras únicamente aparece en momentos específicos.

El diálogo interno puede ser alegre y de apoyo, con mensajes que se centran en cómo podemos prosperar y que nos proporcionan motivación para alcanzar objetivos. Conduce a ampliar nuestra visión de las circunstancias que nos rodean y buscar oportunidades. Reconoce y aborda directamente nuestras dudas y temores, promoviendo nuestro bienestar, felicidad y éxito. Consigue calmar temores y refuerza la confianza.

No obstante, este discurso también puede ser negativo, contraproducente y muy dañino hacia uno mismo,

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¿Qué es la presión de grupo y cómo afrontarla?

La presión de grupo es la influencia que ejerce sobre nosotros la mayoría, capaz de modificar nuestros pensamientos, sentimientos y conducta (en adolescentes, la más llamativa se da en el círculo de amistades). Cuando estamos con nuestro grupo de amigos, nos fijamos en las actitudes que adoptan ante las distintas situaciones para confirmar si una conducta es legítima o ilegítima. Por ejemplo, si alguien en clase viste distinto y oímos cómo nuestros compañeros le critican, ya nos estamos haciendo a la idea de que ese tipo de ropa es percibida como incorrecta por nuestro grupo, y será más probable que al día siguiente no la escojamos para ir a clase.

¿Cómo surge?

Esta conducta no es exclusiva en adolescentes, sino que nos acompaña a lo largo de toda la vida, pues viene de la necesidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos a la norma para favorecer la cohesión social y evitar la censura, el ridículo y la desaprobación por parte de nuestros iguales. Sin embargo, adaptarse a las actitudes y conductas del grupo de referencia puede ser peligroso, pues tendemos a comportarnos según se nos pide (directa o indirectamente) sin pensar primero en la naturaleza de ese acto ni en sus consecuencias para otros individuos. Así mismo, tendemos a trasladar la responsabilidad personal al grupo, ya que actuamos como parte de él.

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Redes sociales e imagen corporal

La existencia de un ideal de belleza en la sociedad, tan establecido y compartido socialmente, implica una presión importante para la población en general, pero especialmente para los adolescentes, quienes están en la etapa de consolidación de su identidad. En la adolescencia, nuestra apariencia física se convierte en la protagonista de nuestras vidas y en el eje central de nuestras interacciones, ya que proyectamos en ella todo lo que sentimos que somos y todo lo que queremos ser, es decir, nuestra identidad, la imagen que queremos dar al mundo de nosotros mismos.

Pero ¿qué es la imagen corporal?

La imagen corporal es la fotografía que tiene nuestra mente sobre nuestro propio cuerpo, y se define como la manera en que uno percibe, imagina, siente y actúa respecto a su propio cuerpo. No es por tanto de extrañar que a los cambios físicos y hormonales producidos durante este momento evolutivo le acompañe una gran preocupación por la imagen corporal. De esta forma, percibirse alejado de ese ideal físico, puede derivar en una baja autoestima y a sentirnos insatisfechos con nuestros cuerpos.

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La influencia del confinamiento en la habilidades parentales

Como algunos de vosotros ya sabéis, aprovechamos el confinamiento para llevar a cabo una investigación sobre las habilidades parentales de padres y madres durante este periodo. Desde que se decretó el estado de alarma nuestro interés se centró en saber si la situación extraña y nueva para todos podía traer algo positivo. Es decir, si un estresor en principio considerado como negativo podía dar como resultado una mejora en algún aspecto dado que ha significado un reto especialmente para aquellas personas que han tenido a sus hijos en casa al mismo tiempo que han continuado trabajando (tanto dentro como fuera de casa).

Estamos muy orgullosas de la alta participación, habiendo superando las 90 respuestas. Tras analizar en detalle los resultados, queremos aprovechar para exponeros algunas de las cuestiones que hemos observado.

Para realizar el estudio hemos utilizado la Escala de Parentalidad Positiva E2P elaborada por Esteban Gómez, director de la Fundación América por la Infancia y María Magdalena Muñoz de ideas para la infancia, ambos en Chile. La escala se compone de 4 cuestionarios en función de los siguientes tramos de edad: de 0 a 3, de 4 a 7, de 8 a 12 y de 13 a 18. En cada uno de ellos, los items giran en torno a cuatro aspectos que componen, según los autores, las competencias parentales y que son las siguientes:

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Zona libre de control

Las prácticas de control en una pareja se identifican como uno de los comportamientos sexistas que más prevalecen y más tolerancia generan entre parejas jóvenes. Así lo muestran datos de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015, donde el 21% de las chicas de entre 16 y 24 años afirmaban haber sufrido por parte de alguna pareja o expareja alguna práctica de control en el último año. Asimismo, uno de cada tres jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 29 años piensa que es inevitable o aceptable recurrir a prácticas como controlar los horarios de la pareja, impedir que vea a sus familiares o amistades, no permitir que trabaje o estudie o decirle las cosas que puede o no hacer. (De Miguel, 2014).

El cortometraje Zona libre de control es una herramienta producida por la ONG acción en red Andalucía, dentro del Programa Por los Buenos Tratos PLBT, que pretende crear un diálogo con chicas y chicos jóvenes acerca de las prácticas de control que se ejercen dentro de la pareja.

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El uso abusivo del Cannabis, cómo detectar su consumo y qué factores afectan en el inicio.

Muchos estudios recientes han confirmado que durante estas últimas décadas los problemas relacionados con el consumo de drogas (legales e ilegales) han ido aumentando de manera considerable en los países desarrollados. El tabaco, alcohol, cannabis y cocaína están generando problemas en la actualidad, sobre todo en los más jóvenes.  Sin embargo, el consumo de cualquier tipo de sustancia pasa por distintos ‘usos’ antes de convertirse en una adicción como tal. Por lo que es muy importante conocer los pasos previos que pueden ir dándose antes de llegar a la  adicción y detectar así posibles situaciones que pongan en riesgo a nuestros hijos o familiares.

La fase previa a la adicción se conoce como ‘uso abusivo’. Según Flynn, se define como un consumo recurrente y compulsivo de una sustancia química, que conlleva consecuencias negativas evidentes que dañan cualquier área de la vida o del desarrollo del individuo, como la salud, la familia, las relaciones sociales, el rendimiento escolar y/o laboral, problemas económicos, legales y del desarrollo de la persona, manteniéndose en el tiempo y necesitando una futura intervención clínica.

Y en el momento en el que el individuo ya busca y usa de forma compulsiva la droga a pesar de las consecuencias adversas (sociales e individuales, físicas y emocionales), ya se habría dado el paso a la adicción; siendo la característica común y central la pérdida de control. Es decir, una adicción se consideraría como un paso a un trastorno crónico y recurrente (Organización Mundial de la Salud).

Detección del consumo de  ‘CANNABIS SATIVA’

Con respecto al ‘Cannabis Sativa’ (Marihuana y hachís), es una droga  que produce unos efectos subjetivos en la persona y que varían mucho dependiendo de múltiples factores. Puede actuar como estimulante (a dosis altas) y como sedante (a dosis bajas).

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