¿Qué es la presión de grupo y cómo afrontarla?

La presión de grupo es la influencia que ejerce sobre nosotros la mayoría, capaz de modificar nuestros pensamientos, sentimientos y conducta (en adolescentes, la más llamativa se da en el círculo de amistades). Cuando estamos con nuestro grupo de amigos, nos fijamos en las actitudes que adoptan ante las distintas situaciones para confirmar si una conducta es legítima o ilegítima. Por ejemplo, si alguien en clase viste distinto y oímos cómo nuestros compañeros le critican, ya nos estamos haciendo a la idea de que ese tipo de ropa es percibida como incorrecta por nuestro grupo, y será más probable que al día siguiente no la escojamos para ir a clase.

¿Cómo surge?

Esta conducta no es exclusiva en adolescentes, sino que nos acompaña a lo largo de toda la vida, pues viene de la necesidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos a la norma para favorecer la cohesión social y evitar la censura, el ridículo y la desaprobación por parte de nuestros iguales. Sin embargo, adaptarse a las actitudes y conductas del grupo de referencia puede ser peligroso, pues tendemos a comportarnos según se nos pide (directa o indirectamente) sin pensar primero en la naturaleza de ese acto ni en sus consecuencias para otros individuos. Así mismo, tendemos a trasladar la responsabilidad personal al grupo, ya que actuamos como parte de él.

En este aspecto, la adolescencia es una etapa especialmente vulnerable. En ella empezamos a desarrollar nuestra personalidad, somos esponjas de todo lo que nos rodea, porque estamos construyendo una identidad que será la que nos defina en nuestra vida adulta y como pertenecientes de un grupo. Como tal, debe encajar con las características de nuestro círculo de amistades.

Tipos de influencia

La influencia de los compañeros no siempre es negativa, también puede ser positiva, favoreciendo nuestra calidad de vida. Esta es la clave para diferenciarlas:

  • Influencia positiva. Favorece la mejora en distintas facetas de nuestra rutina. Por ejemplo, formar parte de un grupo comprometido con los estudios puede repercutir positivamente en el rendimiento académico, impulsando la motivación por fijarnos metas cada vez más altas. Un factor fundamental también es la búsqueda de nuevas experiencias, que nos abre la puerta a distintas interacciones sociales e intereses culturales.
  • Influencia negativa o presión de grupo. Obstaculiza nuestro pensamiento crítico. Por ejemplo, tener un grupo de amigos que sólo contempla la opción de salir de fiesta para pasárselo bien puede impedirnos probar otras actividades que quizá puedan interesarnos, como practicar deportes, ir a exposiciones, o simplemente pasear por la ciudad charlando. Esta presión puede ser expresada indirectamente, por ejemplo, ofreciéndonos probar una droga, o abiertamente, con frases como “venga que esto no es nada, todos lo vamos a probar”. Es preciso también analizar la peligrosidad de la acción o actitud a la que se induce. No es lo mismo ceder para vestir de una determinada manera, que ceder en dejar de hablar a una persona de la clase.

Este mecanismo suele funcionar con la existencia de un líder que rige las normas sociales, y los seguidores que se amoldan. Salirse de ese «molde» implica no pertenecer al grupo, y por tanto perder la identidad social. En este desencuentro los miembros del grupo adoptan una actitud persuasiva (con frases como “ven a la fiesta, que te lo vas a pasar bien”) o, directamente, agresiva (“eres un pringao tío, siempre te quedas en casa”). Entonces, el «inadaptado» suele optar por el conformismo para evitar una posición marginal.

Cómo afrontarla: puesta en marcha de habilidades sociales

Existen diferentes técnicas que podemos poner en marcha para salir airosos de situaciones donde experimentamos la presión de grupo. Aquí os proponemos algunas:

  1. Técnica del disco rayado. El objetivo de esta técnica es ser persistentes con nuestra intención, sobre todo cuando estamos tratando con una persona especialmente insistente que nos lleva a justificarnos o poner excusas (por ejemplo, un amigo que te presiona para saltarte clase). En esa situación, repetiremos la misma frase hasta que quede clara nuestra postura, sin miedo a resultar pesados. Un truco muy útil es expresar primero nuestra comprensión (“entiendo que tú, comprendo que tú…”) y después nuestra opinión (“yo no quiero… yo quiero…”).
  2. Técnica del banco de niebla. Nos puede ayudar sobre todo a salir de situaciones embarazosas o en las que la otra persona está buscando el conflicto, cuando nosotros queremos posponer o enfriar la discusión. Consiste en encontrar un elemento de su discurso con el que estemos de acuerdo y darle la razón. No debemos utilizar la ironía ni intentar defendernos. De esta forma, conseguimos crear confusión en el otro. Por ejemplo: –
    • Estamos hartos, últimamente siempre te vas con otro grupo.
    • Entiendo que estéis molestos si pensáis que estoy anteponiendo a otras personas.
  3. Técnica del sándwich. Esta técnica se puede utilizar cuando queramos hacer una crítica. Para hacerla bien, podemos imaginarnos un sándwich, en el que las tapas de pan serán aspectos positivos de la persona y el interior será lo negativo. De esta forma, empezaremos nuestro discurso con algo que nos haya gustado de la persona, seguiremos con el cambio de conducta que queremos pedir y acabaremos con otro mensaje o propuesta positiva. Por ejemplo, cuando nuestro grupo de amigos siempre hace los mismos planes, podríamos decir: “me lo paso muy bien saliendo de fiesta con vosotros, pero me gustaría que algún día probásemos planes nuevos. Seguro que juntos se nos ocurre algo guay y distinto para este finde”.

 

Si no sabemos muy bien dónde expresar una crítica, rechazar una petición… podemos ponernos a posta en una situación que nos permita poner en marcha estas técnicas actuando delante del espejo o con un amigo de confianza.

Marina González Santamaría.

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