¿Qué supone el autocuidado en el postparto?

El autocuidado es un concepto que ha tomado gran relevancia en el último tiempo, más aún con la pandemia que estamos viviendo. También influye la huella y el desgaste emocional que ha dejado a su paso la cuarentena/pandemia y sus consecuencias, poniendo en la mesa que cuidarnos emocional y físicamente es importante.

Sin embargo, la realidad actual – y aprovecho para decir la no-conciliación –  pone de manifiesto el poco tiempo con el que cuentan las madres para dedicar a este autocuidado (me atrevo a decir que en ocasiones es inexistente). Se hace difícil llevar a cabo las propuestas o los objetivos que a veces se plantean: volver a yoga, retomar el gimnasio, coger la tarde libre… más aún si hablamos de madres que se encuentran en pleno posparto emocional.

Es habitual que durante esta etapa eches de menos la sensación de tiempo para ti, de poder contar con tiempo para una misma como cuando estabas embarazada. El posparto es un camino de aprendizaje, es cansado, agotador y enriquecedor al mismo tiempo. 

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¿Sabías que también heredamos las emociones?

No es lícito suponer que ninguna generación es capaz de ocultar a la que sigue sus procesos anímicos de mayor sustantividad.

Sigmund Freud

En las familias no solo se comparten rasgos, historias, creencias o enfermedades, sino también, emociones. Las emociones son un legado que llevamos con nosotros desde que nacemos y que, aunque a veces cueste aceptarlo, hemos heredado sin quererlo. Lo curioso es que a pesar de haberlas heredado sin nuestro consentimiento, la manera en la que percibimos y vivimos nuestras emociones en el presente se asemeja mucho a cómo las experimentaron nuestros antepasados generaciones atrás.

Cuando hablamos de herencia emocional, esto no implica necesariamente que vayamos a actuar exactamente como nuestros padres lo hicieron, lo que significa es que estamos predispuestos a comportarnos en esa dirección.

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Detección y prevención de la depresión infantil

La salud de nuestros hijos es una prioridad para los padres, y al igual que existen ciertas enfermedades físicas que son comunes en los más pequeños y a las que estamos al tanto cuando apreciamos algún síntoma, en la salud mental debería ocurrir lo mismo. Hoy vamos a escribir sobre la depresión infantil, debido a que es una de las patologías más comunes en niños.

Unos indicadores de que nuestros hijos podrían estar sufriendo depresión infantil sería apreciar:

  • Anhedonia (que no disfrute o le interese con lo que antes sí que disfrutaba)
  • Disforia (sentimiento desagradable relacionado con un estado anímico bajo)
  • Irritabilidad
  • Problemas de peso y apetito
  • Fatiga
  • Agitación o retraso motor (es decir, los hitos evolutivos que presumiblemente deberían haberse adquirido no lo han hecho o lo hacen de forma anómala)
  • Sentimientos de culpabilidad
  • Problemas de concentración
  • Pensamientos sobre la muerte o el suicidio

La depresión también se puede manifestar en edades más tempranas aunque la manera de expresarse sí que es algo distinta; entre los 6-18 meses de vida, se puede observar con: lloros, pérdida de peso, retraimiento, insomnio, proclividad a contraer enfermedades, enlentecimiento motor o inexpresividad.

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El vínculo prenatal durante el embarazo

¿Qué es el vínculo prenatal?

Es el lazo emocional que se desarrolla entre los padres y el bebé mientras está en el útero de la madre. Es todo aquello que madre y pareja hacen y piensan sobre su bebé para interactuar y conectar con él antes del nacimiento.

Aunque esta unión puede sentirse desde las primeras semanas de embarazo, se intensifica durante el tercer trimestre cuando empiezan a aumentar los movimientos fetales del niño.

¿Por qué es tan importante sentirse vinculada/o con el bebé durante el embarazo?

La creación de un buen vínculo durante el embarazo facilita la transición de la mujer y la pareja a su rol parental.  Permite imaginar y poner en práctica escenarios futuros de la parentalidad de manera adecuada y navegar por los cambios emocionales que conlleva esta etapa.

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Las rutinas como forma de seguridad

¿Alguna vez has sentido la sensación de coger un bus sin saber cuántas paradas te faltan? ¿Qué se siente? No tienes unas referencias claras y pasas todo el camino intranquilo, mirando a todos lados, sin reconocer ninguna parada o sin estar seguro de si la correcta ya ha pasado… ¡A nuestros hijos les pasa igual cuando nuestras órdenes son confusas, contradictorias y no tienen claras las instrucciones a seguir! ¡Márcales claramente sus paradas!

En estos tiempos de total incertidumbre mundial, es muy complicado controlar muchos de los aspectos de nuestras vidas: inestabilidad laboral, restricciones constantes y poco claras impuestas de manera externa, no saber hasta cuándo va a durar la pandemia ni cómo será… Esto afecta a nuestra tranquilidad y por supuesto también a la de nuestros hijos e hijas, por lo que ahora más que nunca es indispensable recordar la importancia de las rutinas en nuestro hogar. Esto sí que está en nuestra mano.

Una de las principales labores de los límites y horarios a edades tempranas es proteger, manteniendo a salvo a los niños y niñas evitando los peligros que aún no son capaces de soportar por sí mismos. Para los niños, las rutinas son la forma que tienen para organizarse en el tiempo. Un niño cuando nace no conoce el orden de las cosas ni cómo está organizado el mundo que le rodea. Somos los adultos los que debemos enseñarles a organizar su vida mediante horarios estables asociados a rutinas, es decir, a través de actividades que se hacen todos los días de la misma manera. Para poder establecer esta rutina se necesita la repetición diaria de la misma.

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La influencia del confinamiento en la habilidades parentales

Como algunos de vosotros ya sabéis, aprovechamos el confinamiento para llevar a cabo una investigación sobre las habilidades parentales de padres y madres durante este periodo. Desde que se decretó el estado de alarma nuestro interés se centró en saber si la situación extraña y nueva para todos podía traer algo positivo. Es decir, si un estresor en principio considerado como negativo podía dar como resultado una mejora en algún aspecto dado que ha significado un reto especialmente para aquellas personas que han tenido a sus hijos en casa al mismo tiempo que han continuado trabajando (tanto dentro como fuera de casa).

Estamos muy orgullosas de la alta participación, habiendo superando las 90 respuestas. Tras analizar en detalle los resultados, queremos aprovechar para exponeros algunas de las cuestiones que hemos observado.

Para realizar el estudio hemos utilizado la Escala de Parentalidad Positiva E2P elaborada por Esteban Gómez, director de la Fundación América por la Infancia y María Magdalena Muñoz de ideas para la infancia, ambos en Chile. La escala se compone de 4 cuestionarios en función de los siguientes tramos de edad: de 0 a 3, de 4 a 7, de 8 a 12 y de 13 a 18. En cada uno de ellos, los items giran en torno a cuatro aspectos que componen, según los autores, las competencias parentales y que son las siguientes:

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Psicología Perinatal

El auge de los últimos años de la Psicología Perinatal ha hecho evidente la importancia que tiene el cuidado de la Salud Mental de las madres y los padres desde etapas muy tempranas y el rol de prevención que tiene este área de la psicología para el cuidado de la familia.

El proceso de convertirse en padres tiene su inicio desde el mismo deseo de quedarse embarazados, pasando por los procesos de gestación, parto y posparto. Se considera una crisis madurativa tanto para el hombre como para la mujer, que implica adaptarse a una serie de cambios no sólo a nivel físico sino a nivel psíquico, emocional y social. Los cambios y la adaptación a los mismos afectan a todos los miembros del grupo familiar y están influidos por la historia personal y familiar, la personalidad y la relación con las figuras parentales.

En la pareja, cada uno de los miembros también tiene un ritmo diferente para adaptarse al nuevo rol y por ello, es de gran importancia favorecer la comunicación entre los miembros de la pareja.
Si nos centramos en el proceso de gestación los cambios más evidentes y notables, para la mujer, son los cambios físicos y hormonales. Sin embargo, el embarazo supone el inicio de unos movimientos a nivel psíquico que hacen emerger diferentes emociones y formas de actuar, parte del proceso de convertirse en padres. Suponiendo un embarazo a término, contamos con 9 meses para acoger una nueva vida en el psiquismo.

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Terrores Nocturnos

¿Qué son los terrores nocturnos?

Todos sabemos que dormir es una necesidad básica y cuando tenemos hijos es una de las cosas que más hace sufrir a los padres. Por dos motivos: uno, porque perdemos horas de sueño nosotros y eso nos resta tranquilidad y templanza de cara a la crianza y dos, porque nos preocupa mucho que nuestros bebés aprendan a dormir bien.

Una de las circunstancias que con frecuencia perturban la noche de nuestros niños son las parasomnias. Las parasomnias son aquellas situaciones que se producen durante el sueño, que trastornan la conducta nocturna y que con mayor frecuencia ocurren durante la infancia.

Las más conocidas: las pesadillas y los terrores nocturnos. Entre ellas hay diferencias aunque ambas implican la interrupción del ciclo de sueño y el despertar en mitad de la noche.

¿En qué se diferencian las pesadillas y los terrores nocturnos?

Las pesadillas suponen una ensoñación de temática desagradable durante la fase REM del sueño, que es una fase cercana a la consciencia. De tal manera que si el contenido de la misma se vuelve excesivamente desagradable el niño se puede despertar llorando, gritando o sobresaltado y normalmente es capaz de dar un relato coherente sobre aquello que soñaba.

En los terrores nocturnos, sin embargo, el contenido desagradable tiene lugar durante las fases profundas del sueño y en este caso el niño llora o grita sobresaltado pero la gran mayoría de las veces sin llegar a despertar.

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El método canguro y los primeros minutos de vida

En los últimos años se ha hecho especial hincapié en los cuidados y el buen desarrollo del niño desde el momento en que nace. Pediatras y matronas nos dan pautas útiles para tratar de la mejor manera posible las primeras etapas del bebé, pero… ¿estamos obviando los aspectos más vitales?

Nils Bergman, investigador honorario en la Universidad de Ciudad del Cabo, afirmó hace ya unos años que “los mil primeros minutos de vida determinan la salud y el desarrollo para toda la existencia”. Después de sus tareas misioneras en uno de los países más pobres del mundo, Bergman pudo comprobar que los niños prematuros que entraban en contacto piel con piel con la madre tras el parto conseguían sobrevivir en mayor medida que aquellos que eran separados al nacer para ser atendidos. A través de este hecho se vio que, mediante el contacto inmediato con la madre, los bebés conseguían regular su temperatura corporal y ritmo cardíaco más rápido y de forma más exitosa.

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¿Son los niños manipuladores?

Cuando se tienen hijos o se trabaja con niños, esta frase, de manera afirmativa se escucha con elevada frecuencia. «Este niño es un manipulador«, «es un chantajista«, «sabe perfectamente lo que tiene que hacer para conseguir lo que quiere«. Afortunadamente el ser humano es un organismo lo suficientemente complejo como para conseguir manipular su ambiente. Somos una de las especies más frágil y desprotegida en el momento del nacimiento, así que si no tuviéramos capacidad de manipular nuestro contexto ni lo más mínimo, nos habríamos extinguido hace siglos.

La manipulación es una herramienta (una más) que asegura nuestra supervivencia y, sin embargo, tendemos a verla como algo negativo.

La manipulación se sustenta en la relación vincular que establecemos con las figuras de apego. Dentro de la relación especial que madres o padres e hijos entablan es donde se lleva a cabo esta supuesta manipulación. Al pensar en manipulación a uno le saltan las alarmas de que el niño está tratando de conseguir algo insistiendo «más de lo que debería» o mediante «distorsión» de las circunstancias o necesidades. Paremos ahora a pensar por qué un niño, que en general no debería estar contaminado por deseos innecesarios o caprichos, tiene que hacer uso de la manipulación.

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