¿Qué son los trastorno perinatales?

La psicología perinatal consiste en la rama de la psicología encargada de la atención, prevención, cuidado y acompañamiento de las madres y sus criaturas. Desde el momento en el que una mujer se plantea convertirse en madre, con todo lo que esto conlleva: la preconcepción, el embarazo, el parto, puerperio y la crianza temprana. También es un acompañamiento a nivel de pareja, durante esta transición de pareja a una nueva familia.

En esta sociedad la mujer tradicionalmente ha quedado relegada y olvidada.  Y si hablamos de mujeres que además han sido madres, menos atención reciben aún. El sistema neoliberalista no tiene en cuenta los ritmos de las mujeres y parece olvidarse de las madres.

Es por esto y otros factores, que las maternidades pueden vivirse desde la soledad y el aislamiento.

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El valor psicológico del juego

Cuando pienso en las tardes de juego acompañada de mi familia, amigos/as o pareja, me vienen a la mente las siguientes palabras: tranquilidad, diversión, confianza, lugar seguro y sentirme querida. ¿Y a vosotros/as? ¿Qué palabras asociáis a estos ratos de juego?

Como dice Elena Piñeiro (terapeuta experta en infantojuvenil):

El juego es el lenguaje natural de la infancia.

Proporciona un “lugar seguro” para el/la niño/a. Jugar con un niño es acompañarlo, escuchar sus necesidades y observar cómo manifiesta sus sentimientos y sus pensamientos.

El cerebro del niño está preparado en sus primeros momentos para comprender y explorar el mundo a través del lenguaje del juego,

dice el neuropsicólogo Álvaro Bilbao. Jugando, los niños/as se convierten en creadores y nos ayudan a conectar con su mundo interno.

Entonces, ¿cuáles son exactamente los poderes terapéuticos del juego?

Jugar nos trae muchas ventajas emocionales. En primer lugar, nos puede servir para descargar emociones, como la ira o la tristeza. Algunos juegos valiosos para la expresión emocional serían la plastilina, explotar globos o las guerras de cojines.

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¿Cómo puedo ayudar a mis hijos en la gestión de las emociones?

La regulación emocional es una tarea pendiente para muchos de nosotros y todo comienza aprendiendo a identificar qué es lo que estamos sintiendo.

Desde el nacimiento, nos desarrollamos en un ambiente impregnado de emociones. Aprendemos a manifestarlas, recibirlas y actuar tratando de controlar las respuestas. Las emociones se disparan automáticamente por estímulos -por ejemplo: abrimos un yogurt y vemos que ha caducado, entonces sentimos asco o estamos en una situación embarazosa y sentimos vergüenza- y desaparecen a los pocos segundos. Estas sensaciones emocionales tienen una función y nos indican que hay una necesidad que no está siendo atendida. El enfado nos indica que ha habido una injusticia y debemos defendernos, o el miedo nos indica que podemos sufrir un daño. Además, hay unas emociones que llamamos básicas (tristeza, miedo, enfado, asco y alegría) y otras más complejas (e.g. humillación o esperanza).

Las emociones van a estar queramos o no, y tienen implicaciones en nuestro bienestar y calidad de vida, por lo que es importante aprender sobre ellas y gestionarlas.

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¿Cómo fortalecer el vínculo con nuestros hijos e hijas?

El interés por el apego comienza a principios del siglo pasado cuando Harlow, investigando el aprendizaje en macacos, se dio cuenta que, al separarlos prematuramente de sus madres, éstos presentaban problemas psicológicos como agresividad, apatía o aislamiento. Continuando con los estudios, se dio cuenta que éstos preferían pasar la noche con una “madre de fieltro” en lugar de una figura metálica que les proporcionaba comida a pesar de tener hambre. En otras palabras, parece ser que existe una tendencia innata a vincularnos para sentirnos protegidos que prima sobre otras necesidades.

Generalmente, se usa el concepto apego para hacer referencia al afecto, la devoción o la estima que se siente hacia una persona o cosa. Sin embargo, en psicología, se alude a un vínculo afectivo intenso que se establece hacia las personas de referencia y que perdura en el tiempo. Se trata de una necesidad como respirar o comer, y una buena vinculación va a asentar la visión del mundo y la forma de relacionarse con él de nuestros pequeños.

Durante la infancia, los niños y las niñas deben interiorizar en poco tiempo todo aquello que les permitirá manejarse por el mundo y el desarrollo de un buen apego es igual de importante como aprender a leer o multiplicar. Está demostrado que antes, durante y después del parto el establecimiento del vínculo ya se ha puesto en marcha y que las caricias y el contacto corporal van a intervenir en el desarrollo del cerebro.

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¿Cómo conseguir que tu hijo de 2 a 8 años haga caso?

¿Cuántas veces habéis pedido a vuestro hijo que haga algo y este ha ignorado vuestra petición?

Como padres en ocasiones sentimos que nuestros hijos desobedecen a nuestras normas por molestarnos o por rebeldía cuando muchas veces la raíz del problema está en la forma de establecer dichas normas con los más pequeños.

En nuestro mundo de adultos esperamos que cuando pedimos algo la persona que tenemos en frente sea capaz de escuchar y atender a nuestra demanda. Sin embargo, los niños necesitan que estas normas sean expresadas con pequeñas claves que les ayuden a comprender la importancia de nuestras palabras. A continuación se detallan algunos ejemplos con los que quizá os podréis sentir identificados y como resolver estos conflictos:

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¿Cómo crear una rutina con los niños?

Hoy vamos a hablar de las rutinas. Como ya hemos comentado en otro artículo las rutinas dan seguridad pero primero queremos explicar la importancia de crear rutinas.

¿Por qué son importantes?

Son muy importantes y necesarias por las siguientes razones:

  1. Proporcionan seguridad y control sobre el entorno. Para los niños todo es nuevo y desconocido y, en ocasiones, esto les puede crear inseguridad y despertarles algún miedo. Los niños sabrán en todo momento qué viene después, esto les aporta seguridad, tranquilidad y disminuye los niveles de incertidumbre y ansiedad.
  2. Aumenta su autonomía, ya que les ayuda a organizarse y a planificar su día a día. Los hábitos ayudan a los niños a ser cada día un poco más autónomos. Y es que cuando los pequeños adquieren un buen hábito, lo pueden incorporar a cualquier momento de su vida, lo que les ayuda a saber mejor cómo enfrentarse a su cotidianidad, sin ayuda externa y, por tanto, de una manera más independiente.
  3. Potencian la organización y el orden mental, lo cual les servirá para la vida adulta. Además, ayudan para en su aprendizaje y desarrollo.
  4. Favorecen un mejor entendimiento de las normas y les permite realizar tareas sin dejarlas a medias.
  5. Cuando incorporamos los hábitos a nuestra vida familiar, enseñamos a nuestros hijos a ser corresponsables (todos nos responsabilizamos de las tareas), comprometidos (cumplimos con nuestras responsabilidades), constantes (nos tenemos que esforzar por lo que tenemos que hacer) y apreciamos lo que tenemos.
  6. Ayuda a los niños a concentrase y focalizar la atención en determinadas tareas.

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¿Qué supone el autocuidado en el postparto?

El autocuidado es un concepto que ha tomado gran relevancia en el último tiempo, más aún con la pandemia que estamos viviendo. También influye la huella y el desgaste emocional que ha dejado a su paso la cuarentena/pandemia y sus consecuencias, poniendo en la mesa que cuidarnos emocional y físicamente es importante.

Sin embargo, la realidad actual – y aprovecho para decir la no-conciliación –  pone de manifiesto el poco tiempo con el que cuentan las madres para dedicar a este autocuidado (me atrevo a decir que en ocasiones es inexistente). Se hace difícil llevar a cabo las propuestas o los objetivos que a veces se plantean: volver a yoga, retomar el gimnasio, coger la tarde libre… más aún si hablamos de madres que se encuentran en pleno posparto emocional.

Es habitual que durante esta etapa eches de menos la sensación de tiempo para ti, de poder contar con tiempo para una misma como cuando estabas embarazada. El posparto es un camino de aprendizaje, es cansado, agotador y enriquecedor al mismo tiempo. 

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¿Sabías que también heredamos las emociones?

No es lícito suponer que ninguna generación es capaz de ocultar a la que sigue sus procesos anímicos de mayor sustantividad.

Sigmund Freud

En las familias no solo se comparten rasgos, historias, creencias o enfermedades, sino también, emociones. Las emociones son un legado que llevamos con nosotros desde que nacemos y que, aunque a veces cueste aceptarlo, hemos heredado sin quererlo. Lo curioso es que a pesar de haberlas heredado sin nuestro consentimiento, la manera en la que percibimos y vivimos nuestras emociones en el presente se asemeja mucho a cómo las experimentaron nuestros antepasados generaciones atrás.

Cuando hablamos de herencia emocional, esto no implica necesariamente que vayamos a actuar exactamente como nuestros padres lo hicieron, lo que significa es que estamos predispuestos a comportarnos en esa dirección.

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Detección y prevención de la depresión infantil

La salud de nuestros hijos es una prioridad para los padres, y al igual que existen ciertas enfermedades físicas que son comunes en los más pequeños y a las que estamos al tanto cuando apreciamos algún síntoma, en la salud mental debería ocurrir lo mismo. Hoy vamos a escribir sobre la depresión infantil, debido a que es una de las patologías más comunes en niños.

Unos indicadores de que nuestros hijos podrían estar sufriendo depresión infantil sería apreciar:

  • Anhedonia (que no disfrute o le interese con lo que antes sí que disfrutaba)
  • Disforia (sentimiento desagradable relacionado con un estado anímico bajo)
  • Irritabilidad
  • Problemas de peso y apetito
  • Fatiga
  • Agitación o retraso motor (es decir, los hitos evolutivos que presumiblemente deberían haberse adquirido no lo han hecho o lo hacen de forma anómala)
  • Sentimientos de culpabilidad
  • Problemas de concentración
  • Pensamientos sobre la muerte o el suicidio

La depresión también se puede manifestar en edades más tempranas aunque la manera de expresarse sí que es algo distinta; entre los 6-18 meses de vida, se puede observar con: lloros, pérdida de peso, retraimiento, insomnio, proclividad a contraer enfermedades, enlentecimiento motor o inexpresividad.

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El vínculo prenatal durante el embarazo

¿Qué es el vínculo prenatal?

Es el lazo emocional que se desarrolla entre los padres y el bebé mientras está en el útero de la madre. Es todo aquello que madre y pareja hacen y piensan sobre su bebé para interactuar y conectar con él antes del nacimiento.

Aunque esta unión puede sentirse desde las primeras semanas de embarazo, se intensifica durante el tercer trimestre cuando empiezan a aumentar los movimientos fetales del niño.

¿Por qué es tan importante sentirse vinculada/o con el bebé durante el embarazo?

La creación de un buen vínculo durante el embarazo facilita la transición de la mujer y la pareja a su rol parental.  Permite imaginar y poner en práctica escenarios futuros de la parentalidad de manera adecuada y navegar por los cambios emocionales que conlleva esta etapa.

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