¿Qué es la asertividad y por qué la necesitamos?

En uno de nuestros posts más recientes, hablamos del significado de la presión de grupo y dimos algunos consejos para afrontarla. En este post, nos centramos en los distintos estilos de comunicación que existen y cuál puede ayudarnos más a la hora de desenvolvernos en situaciones sociales complejas.

Los seres humanos necesitamos desarrollar habilidades sociales para afrontar el día a día. Éstas constan del lenguaje no verbal (contacto visual, sonrisa, tono de voz, cercanía física…) y el lenguaje verbal, que comprende tres estilos de comunicación situados en un continuo: pasividad, asertividad y agresividad. Encontrarnos en un punto u otro de este continuo tendrá un efecto determinado en las personas que nos rodean, en la opinión que tenemos sobre nosotros mismos y en la consecución de nuestras metas.

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¿Qué es la presión de grupo y cómo afrontarla?

La presión de grupo es la influencia que ejerce sobre nosotros la mayoría, capaz de modificar nuestros pensamientos, sentimientos y conducta (en adolescentes, la más llamativa se da en el círculo de amistades). Cuando estamos con nuestro grupo de amigos, nos fijamos en las actitudes que adoptan ante las distintas situaciones para confirmar si una conducta es legítima o ilegítima. Por ejemplo, si alguien en clase viste distinto y oímos cómo nuestros compañeros le critican, ya nos estamos haciendo a la idea de que ese tipo de ropa es percibida como incorrecta por nuestro grupo, y será más probable que al día siguiente no la escojamos para ir a clase.

¿Cómo surge?

Esta conducta no es exclusiva en adolescentes, sino que nos acompaña a lo largo de toda la vida, pues viene de la necesidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos a la norma para favorecer la cohesión social y evitar la censura, el ridículo y la desaprobación por parte de nuestros iguales. Sin embargo, adaptarse a las actitudes y conductas del grupo de referencia puede ser peligroso, pues tendemos a comportarnos según se nos pide (directa o indirectamente) sin pensar primero en la naturaleza de ese acto ni en sus consecuencias para otros individuos. Así mismo, tendemos a trasladar la responsabilidad personal al grupo, ya que actuamos como parte de él.

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Detección y prevención de la depresión infantil

La salud de nuestros hijos es una prioridad para los padres, y al igual que existen ciertas enfermedades físicas que son comunes en los más pequeños y a las que estamos al tanto cuando apreciamos algún síntoma, en la salud mental debería ocurrir lo mismo. Hoy vamos a escribir sobre la depresión infantil, debido a que es una de las patologías más comunes en niños.

Unos indicadores de que nuestros hijos podrían estar sufriendo depresión infantil sería apreciar:

  • Anhedonia (que no disfrute o le interese con lo que antes sí que disfrutaba)
  • Disforia (sentimiento desagradable relacionado con un estado anímico bajo)
  • Irritabilidad
  • Problemas de peso y apetito
  • Fatiga
  • Agitación o retraso motor (es decir, los hitos evolutivos que presumiblemente deberían haberse adquirido no lo han hecho o lo hacen de forma anómala)
  • Sentimientos de culpabilidad
  • Problemas de concentración
  • Pensamientos sobre la muerte o el suicidio

La depresión también se puede manifestar en edades más tempranas aunque la manera de expresarse sí que es algo distinta; entre los 6-18 meses de vida, se puede observar con: lloros, pérdida de peso, retraimiento, insomnio, proclividad a contraer enfermedades, enlentecimiento motor o inexpresividad.

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Redes sociales e imagen corporal

La existencia de un ideal de belleza en la sociedad, tan establecido y compartido socialmente, implica una presión importante para la población en general, pero especialmente para los adolescentes, quienes están en la etapa de consolidación de su identidad. En la adolescencia, nuestra apariencia física se convierte en la protagonista de nuestras vidas y en el eje central de nuestras interacciones, ya que proyectamos en ella todo lo que sentimos que somos y todo lo que queremos ser, es decir, nuestra identidad, la imagen que queremos dar al mundo de nosotros mismos.

Pero ¿qué es la imagen corporal?

La imagen corporal es la fotografía que tiene nuestra mente sobre nuestro propio cuerpo, y se define como la manera en que uno percibe, imagina, siente y actúa respecto a su propio cuerpo. No es por tanto de extrañar que a los cambios físicos y hormonales producidos durante este momento evolutivo le acompañe una gran preocupación por la imagen corporal. De esta forma, percibirse alejado de ese ideal físico, puede derivar en una baja autoestima y a sentirnos insatisfechos con nuestros cuerpos.

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Los miedos evolutivos

El miedo forma parte del conjunto de emociones que tenemos, y al igual que las demás (alegría, tristeza, enfado, etc) es importante experimentarla. Nos ayuda a enfrentarnos al mundo distinguiendo lo que puede ser amenazante de lo que no, y así aprendemos de la experiencia y nos adaptamos. Pero durante el desarrollo infantil nos puede preocupar si los miedos que tienen no son adaptativos y generan un malestar exagerado al niño,

Pero ¿cómo distinguir cuando se trata de un miedo evolutivo y cuándo no?

Para entenderlo es necesario comprender el desarrollo evolutivo de su capacidad cognitiva y emocional. Como ya hemos dicho estos son miedos evolutivos, es decir, que a medida que van creciendo suelen ir desapareciendo.

No hay una edad concreta a la que determinado miedo tiene que desaparecer, ya que cada niño es único y vive su propia experiencia que le influirá en este aspecto.

 

0 – 12 meses:

Miedos evolutivos → pérdida de apoyo, sonidos fuertes, alturas, personas / objetos extraños, separación, objetos amenazadores (súbitos)

Hasta el año de edad los miedos que puedan sentir dependerán del momento presente, todo lo que ocurra novedoso a su alrededor que se salga de lo que ya conoce lo puede experimentar como posible amenaza. Puede ser: ver una cara nueva, aunque sea de un abuelo, llevarle a un sitio nuevo, etc. Y por supuesto el “miedo” más presente a esta edad es lo que se conoce como ansiedad por separación, miedo experimentado como indefensión cuando sus figuras de apego no están (madre, padre, cuidador). Solo con desaparecer de su vista, aunque estemos a su lado ya puede generar este malestar, pero de alguna forma es adaptativo que lo experimenten para poco a poco tolerar en un futuro que esa figura no este presente todo el tiempo.

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El uso abusivo del Cannabis, cómo detectar su consumo y qué factores afectan en el inicio.

Muchos estudios recientes han confirmado que durante estas últimas décadas los problemas relacionados con el consumo de drogas (legales e ilegales) han ido aumentando de manera considerable en los países desarrollados. El tabaco, alcohol, cannabis y cocaína están generando problemas en la actualidad, sobre todo en los más jóvenes.  Sin embargo, el consumo de cualquier tipo de sustancia pasa por distintos ‘usos’ antes de convertirse en una adicción como tal. Por lo que es muy importante conocer los pasos previos que pueden ir dándose antes de llegar a la  adicción y detectar así posibles situaciones que pongan en riesgo a nuestros hijos o familiares.

La fase previa a la adicción se conoce como ‘uso abusivo’. Según Flynn, se define como un consumo recurrente y compulsivo de una sustancia química, que conlleva consecuencias negativas evidentes que dañan cualquier área de la vida o del desarrollo del individuo, como la salud, la familia, las relaciones sociales, el rendimiento escolar y/o laboral, problemas económicos, legales y del desarrollo de la persona, manteniéndose en el tiempo y necesitando una futura intervención clínica.

Y en el momento en el que el individuo ya busca y usa de forma compulsiva la droga a pesar de las consecuencias adversas (sociales e individuales, físicas y emocionales), ya se habría dado el paso a la adicción; siendo la característica común y central la pérdida de control. Es decir, una adicción se consideraría como un paso a un trastorno crónico y recurrente (Organización Mundial de la Salud).

Detección del consumo de  ‘CANNABIS SATIVA’

Con respecto al ‘Cannabis Sativa’ (Marihuana y hachís), es una droga  que produce unos efectos subjetivos en la persona y que varían mucho dependiendo de múltiples factores. Puede actuar como estimulante (a dosis altas) y como sedante (a dosis bajas).

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¿Qué es el temperamento?

Todos hemos oído hablar del temperamento y entendemos que es un concepto que tiene que ver con la personalidad, con la forma de ser de cada uno. El temperamento es algo que se relaciona con las bases biológicas de la personalidad (genética), es algo con lo que nacemos.
Diferentes expertos se han atrevido a hablar acerca del temperamento, y han visto que el temperamento se relaciona con las diferencias individuales, es decir, con las diferencias que hay entre la forma de actuar o de reaccionar de uno y de otro en diferentes situaciones. El temperamento tiene la función de procesar la información que viene del exterior y regular y controlar las conductas. Se podría decir que su función principal es la regulación de las propias conductas, el control sobre ellas y la forma de expresarlas.
Se trata de un término muy amplio que está relacionado con las distintas dimensiones de la conducta, entendidas de manera individual, que surge cuando los niños son pequeños y representa la base de lo que será su futura personalidad. Es relativamente estable en el tiempo, aunque puede verse modificado en sus manifestaciones por la influencia de su entorno, especialmente por medio de las prácticas educacionales de los padres.

En resumen, podemos entender el temperamento como la respuesta a los cambios del entorno (como reaccionamos) incluidas nuestras reacciones corporales (sudores, palpitaciones…), el miedo y la inhibición ante lo nuevo, la impulsividad, el ánimo positivo o negativo, el nivel general de actividad, la atención constante y la autorregulación.

Especial interés tiene la influencia de los estilos educativos en cuanto a la formación del temperamento. Se pueden identificar tres estilos básicos de educación de padres hacia sus hijos:

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La Terapia Asistida con Animales

La Terapia Asistida con Animales o TAA hace referencia a los métodos que incluyen a los animales en la prevención y el tratamiento de las patologías humanas, tanto físicas como psíquicas (Vallejo, 2006). Es llevada a cabo cuando un humano interactúa con animales bajo unas condiciones predeterminadas con el objetivo de solventar o paliar alteraciones de la salud física o mental.

Corson y cols. (1995), indican que la esencia de la TAA consiste en introducir un animal no amenazante para que actúe de catalizador, formando relaciones sociales adaptables y satisfactorias.

Algunos de estos programas se iniciaron hace más de doscientos años, cuando el doctor William Tuke comenzó a emplear animales en sus terapias para tratar enfermedades mentales, pero la documentación científica sobre ellos no empezó a registrarse hasta hace cuatro décadas.

Estos programas cuentan con un amplio abanico de posibilidades de aplicación: trabajo con personas con discapacidad intelectual o física, rehabilitación cognitiva, trastornos de conducta o aprendizaje en niños y adolescentes, trastornos emocionales, diversas actividades con convictos en centros penitenciarios, y un largo etcétera.

Algunas investigaciones señalan que las personas que conviven con perros en sus hogares y que tienen una relación cercana con ellos presentan niveles más bajos de estrés y más altos de salud mental. Esto sugiere que los animales producen efectos positivos sobre la salud física y mental de las personas que conviven con ellos (Alonso, 2000; Gómez, Atehortua & Orozco, 2007).

Numerosos estudios han probado los beneficios del empleo de animales domésticos en terapias dirigidas a poblaciones concretas y variadas.

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El consumo de alcohol en adolescentes

Leyendo algunos artículos en torno al consumo de sustancias, hemos podido observar que en la actualidad el consumo de alcohol por parte de menores ha ido en aumento.

Alguno de los factores que pueden favorecer que se produzca este hecho son el ambiente familiar: éste puede favorecer en gran medida que el menor no vea con malos ojos el consumo de alcohol si en su casa está normalizado el consumo de este mismo, aunque se le hagan advertencia de que sea negativo para su salud, al seguir viéndolo en su entorno cercano el menor no percibirá igual el peligro.

Otro de los factores que da pie a la toma de alcohol en niños o adolescentes, es su propio círculo de amistades, si los menores observan como su amigos beben alcohol de forma regular y les invitan para que hagan lo mismo, por lo general los menores tienden a hacer lo que digan y vean de círculo de amistades para así tener un «reconocimiento« o «aceptación« en su grupo.

También de aquí se puede destacar,la maduración biológica temprana (especialmente dada en las niñas), la explicación a esto es que las niñas al entrar en la pubertad a una edad temprana consiguen amigas y amigos mayores, ya que se ven más identificados con ellos y con ello se aumenta así el riesgo de consumo.

La búsqueda de sensaciones está estrechamente relacionada con este consumo, ya que en estas edades por lo general se suelen buscar experiencias novedosas e intensas que puedan implicar algún tipo de riesgo.

Por otro lado, los medios de comunicación como son los anuncios que promocionan alcohol, también pueden incitar a los menores al consumo de esta sustancia dado que se representan de forma positiva y placentera.

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Propósitos de Año Nuevo

Ahora que vamos a cambiar de año, llega el momento de plantearse nuevos retos y objetivos para el año que entra. Es algo que solemos hacer por tradición o por consejo y realmente es un hábito bastante saludable. Nos permite marcarnos un rumbo y poder tener objetivos a medio plazo. Es común que estos propósitos que nos marcamos los tengamos muy presentes durante los primeros meses del año pero después desistimos en conseguirlos o los olvidemos. Por tanto, igual de sano que plantearse un objetivo, es reevaluarlo al finalizar el año. Así pues, ahora es el momento de valorar aquellos objetivos que nos planteamos a principios de esto mismo año y ver cuántos hemos alcanzado, cuántos han variado, cuántos deseamos insistir en conseguirlos o cuántos deseamos reemplazar por otro nuevo.

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