El efecto relevo o cómo complementarse en la crianza.

Por Ainhoa Uribe

No sé si esta historia os suena de algo:

Llegas a casa después de todo el día fuera trabajando y te encuentras a tu pareja y padre/madre de tus hijos discutiendo por algo que te parece insignificante. El enfrentamiento está generando una escalada de gritos y reproches que no llevan a ningún lado o, a ningún lado bueno. Entonces decides intervenir. Como estás más fresco, ya que no estás metido en la conversación desde el principio, consigues tener una perspectiva más alejada, menos contaminada por la emoción o las reacciones viscerales. Entonces, en un tono calmado, propones una alternativa de solución. Lo más habitual es que llegues a un acuerdo con tu hijo/a (a veces cediendo algo más que lo que la otra parte de la pareja estaba dispuesto) y la situación queda solventada.

Ésta es una dinámica de pareja muy habitual entre padres y  madres. Uno suele llegar más tarde del trabajo mientras que el otro dedica más tiempo a los hijos. Aquél que pasa sus tardes con los niños habitualmente se va cargando de negar permisos, poner límites, llegar a acuerdos, mediar entre discusiones de hermanos, calmar llantos o gestionar emergencias. Esto hace que su agotamiento mental sea mayor y su tolerancia a las exigencias del niño, menor.

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Usar el chupete: ¿es bueno o malo?

Una mamá hecha un lío.

Hola lectores blogueros. Me presento: No soy pediatra. No soy psicóloga. No soy odontóloga. No soy experta en puericultura. Tan sólo soy una madre hecha un lío por culpa del chupete de los niños. Si no lo usa, se llevará el pulgar a la boca todo el día. Si lo usa, le saldrán los dientes torcidos. Si no lo usa, llorará más y dormirá peor. Si lo usa, tardará en hablar y sonreirá menos. Éstas son sólo algunas de las frases que se pueden escuchar sobre las bondades (o no) del chupete. Ese mágico instrumento de látex o silicona con forma de pezón que reduce la ansiedad de los más pequeños. Según el profesional al que se consulte, dirá una cosa u otra, incluso los del mismo gremio no se ponen de acuerdo.

Por lo que yo he leído, parece que hay evidencias tanto a favor como en contra de las siguientes afirmaciones:

El chupete es un factor de protección contra la muerte súbita del lactante.

 

El chupete interfiere en la instauración y prolongación de la lactancia materna.

Decisión complicada para las madres cuyo deseo es amamantar a sus hijos.

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¿Sabías que hasta los cuatro años el niño es especialmente sensible al desarrollo del lenguaje?

Tenemos claro que la infancia es un periodo crítico para el aprendizaje ya que los bebés de ser humano nacen muy inmaduros y les espera por delante muchos años en los que todo será nuevo para ellos.

Esta inmadurez facilita también su adaptación. Y aunque todos nacemos iguales es cierto que, en torno a los dos o tres años, ya hablamos el lenguaje de quienes interaccionan con nosotros sea éste cual sea.

Un bebé tiene la misma predisposición para aprender chino, holandés, griego o zulú.

Que finalmente termine hablando un idioma u otro tiene que ver casi exclusivamente con los estímulos del ambiente.

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¿Sabías que el llanto de los bebés es diferente si lo que sienten es dolor, miedo o enfado?

Una de las cosas que más angustian a los papás primerizos es saber por qué llora su hijo. Los niños, al nacer, no tienen prácticamente otra manera de comunicación que el llanto. Llorando expresan cualquier cosa que necesitan o sienten: hambre, sed, frío, miedo, dolor…

¿Llevar los niños a la guardería o dejarlos al cuidado de un familiar?

Por Elvira Muñoz

En febrero de 2011 nació mi primera hija. Tras los primeros (duros, por qué no decirlo) meses de conocernos la una a la otra, pasamos una primavera y un verano estupendos, disfrutando toda la familia. Pero como siempre sucede, “cuando mejor te lo estás pasando se acaba la fiesta”, y tras casi 6 meses siendo uña y carne, llegó el momento de la “separación”.

Mi marido y yo habíamos estado pensando cómo organizarnos con el trabajo y el cuidado de la peque. Nos planteamos varias opciones. La guardería en principio la descartamos, ya que era verano y la oferta se reducía. Pensamos en contratar a alguien que viniera a casa a cuidar de ella y a la vez nos ayudara con las tareas domésticas. Esta opción resulta bastante atractiva, porque ya se sabe que con los peques no se tiene tiempo para nada y al final la casa siempre está manga por hombro.

Nos preocupaba encontrar la persona adecuada y, sobre todo,  de confianza.

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Cómo ser una mamá cruasán

Cómo ser una mamá cruasán:una nueva forma de educar con sentido común.

Este libro de nombre tan apetitoso nos lleva a hacer una reflexión sobre la manera como educamos a nuestros hijos. La comparación entre la maternidad americana y la francesa no es más que una excusa para indagar sobre las bases en las que debemos apoyarnos a la hora de críar a un hijo.

Su autora, Pamela Druckerman tal vez sin pretenderlo, nos invita a observar el comportamiento que tenemos como padres. Y no es un hecho vanal dado que dependiendo de nuestra actuación así saldrán nuestros hijos. Es cierto que la realidad no es tan lineal pero sí que el libro nos aporta una idea de cómo nuestros propio agobios y nuestra eterna preocupación por los hijos no siempre beneficia ni a los niños ni a nosotros.

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¿Sabías que el dormir ayuda a los niños pequeños a ser más positivos?

Sabemos que el sueño es una necesidad vital y que la privación del mismo puede llegar a causar la muerte. La necesidad de horas de sueño varía a lo largo de la vida y es especialmente importante en los bebés y los niños. Se habla mucho de la necesidad de sueño en relación al aprendizaje. Y, de hecho, el cerebro no está inactivo mientras dormimos. Más bien al contrario, parece que durante los momentos de sueño existe una gran actividad cerebral que ayuda en la asimilación de los nuevos aprendizajes.

Ahora además se ha encontrado relación entre el sueño y la expresión y el procesamiento emocional.

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¿Qué nos debe preocupar del desarrollo de nuestro hijo?… entre los 3 y los 6 años

¡Qué difícil es la tarea de ser padre y madre! Y para ello no hay universidad que nos prepare. La experiencia es un grado que se va adquiriendo con el paso del tiempo y a medida que vamos aumentando la familia. Una vez que tenemos hijos, usamos como punto de referencia el desarrollo y evolución del hijo mayor. Pero siempre, y más aún con el primero, nos puede surgir la duda interior de si todo en nuestro pequeño irá transcurriendo por los cauces esperados.           

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¡Qué difícil es no saber hablar!

Cualquiera que tenga niños cerca habrá experimentado la frustración que implica no saber qué le sucede. Puede que tenga hambre, sueño, sed…pero no sabe comunicarlo. Sucede con un bebé que todavía no sabe hablar, con un niño adoptado que no conoce nuestro idioma o con un niño discapacitado que tarda en adquirir el lenguaje.

Con los bebés es lógico pasar por una etapa en la que no saben expresarse y las madres se las ingenian para interpretar todo tipo de signos que les den una pista sobre qué es lo que su hijo necesita. Es más, esta frustración por no poder comunicarse ayuda a que poco a poco vayan adquiriendo lenguaje.

Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos niños que presentan un retraso en la adquisición del lenguaje? La frustración, al principio ligera, que les anima a tratar de comunicarse va aumentando a medida que crecen y no obtienen resultados en su comunicación. Llegará un momento entonces en el que tiran la toalla y apenas inician contantos comunicativos, salvo en caso de necesidad imperiosa. Esto es lo que le sucede a muchos niños con discapacidad: autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, etc.

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Mi bebé es prematuro

“La primera vez que vi a mi bebé tras su inesperado y temprano nacimiento fue una experiencia impactante y sobrecogedora para mí: en la incubadora, lleno de cables por todas partes, rodeado de máquinas y aparatos múltiples… Mi hijo nació con 34 semanas de gestación y 2 100 gramos de peso. Su aspecto era frágil, vulnerable. Su piel era muy brillante y tan fina que a través de ella podían verse las venas, por lo que su color era rojizo o, a veces, violáceo. Todo su cuerpo estaba cubierto por un cabello fino y abundante llamado lanugo. Su cabeza era desproporcionadamente grande en comparación con el tamaño del cuerpo y sus piernas y brazos, largos y extremadamente delgados, sin apenas grasa sobre los huesos. Su pene era muy pequeño y aún no le habías descendido los testículos a las bolsas.

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