¿Sabías que los niños suelen portarse peor en las vacaciones?

El «efecto vacaciones» es bien conocido por maestros y profesores. No hay más que acercarse  a un colegio a principios de septiembre para escuchar a cualquier tutor de aula diciendo que los niños están ingobernables, que han vuelto muy revolucionados del verano o que no hacen ningún caso. Y el tema se repite a lo largo del año escolar tras las interrupciones de Navidad o Semana Santa. Este efecto se nota incluso en aquellos alumnos más revoltosos tras la vuelta de cada fin de semana. Los lunes suelen ser días más difíciles para estos niños.

También los padres son conscientes de este fenómeno. En cuanto los niños no tienen que ir al colegio se nota que les cuesta más seguir las normas y los horarios.

Pero, ¿por qué sucede?

¿Acaso los niños deciden aguantar sus ganas de portarse mal hasta que están en casa? o ¿será que todas las profesoras/es tienen más mano con los niños que sus propios padres?

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¿Sabías que las mascotas ayudan a los niños a relacionarse?

Tener algún animal en casa es algo que casi todo niño desea pero que la mayoría no consigue. Bien por alergias del propio niño o de los padres o bien por la dificultad logística que supone tener que atenderlo o el espacio que ocupa.

Lo que muchos padres no contemplan es que relacionarse con animales domésticos enseña a los niños muchas cosas acerca de las relaciones sociales.

Cualquier niño se beneficia de tener una mascota y supone un gérmen de responsabilidad y cuidado hacia un ser vivo si los adultos le ayudan a entender las tareas a realizar y lo comparten con él. Pero hay dos tipos de caracteres que se benefician especialmente de tener a su cuidado un animal: los niños que son extremadamente tímidos y aquellos que resultan demasiado impulsivos a la hora de relacionarse con los demás.

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El ratón, el monstruo y yo

El ratón, el monstruo y yo es el libro más conocido de Patricia Palmer, psicóloga clínica. Ha editado varios textos en torno al tema de la autoestima en los niños y adolescentes. Algunos de ellos traducidos al castellano, como este que presentamos hoy aquí.

El ratón, el monstruo y yo hace referencia a las distintas formas de comportarnos que podemos adoptar a la hora de relacionarnos con el otro. Podemos ser un monstruo que avasalla todo lo que se le pone en su camino, sin respeto a quien tenemos delante y que resulta agresivo para todo el que se acerca a él. El ratón es, por otro lado, aquel que por miedo no se atreve a decir u opinar algo distinto a los demás. Calla y obedece sin rechistar. De esta forma tan gráfica los niños entienden que nuestro comportamiento a nivel social queda comprendido en un contínuo que va desde la agresividad a la pasividad más absoluta. Para alcanzar la asertividad, nos tendremos que colocar en un punto medio de equilibrio.

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Los niños ante el divorcio de sus padres

Por Ainhoa Uribe

Cuando una pareja se separa, los dos miembros sufren dado que se han roto las expectativas de ambos de conseguir una vida feliz juntos. Cuando la pareja además tiene hijos, para los niños no son las expectativas las que se rompen sino su propio mundo. No conocen otro. Desde que han nacido han tenido un padre y una madre, que vivían juntos y con una relación que les vinculaba (fuera ésta mala, buena o regular).

Llegados a un punto de no comprensión en la pareja, de rechazo mutuo o de falta de proyectos de futuro en común, es la hora de separarse. Y esto es un ejemplo para los hijos: cómo el adulto trata de ser mejor persona en busca de su propia felicidad y estabilidad emocional. Ahora bien, no hay que olvidar que para los hijos la separación de los padres es un estrés vital y hay que estar muy pendientes de cómo manejar la situación para que consigan afrontarla de la mejor manera posible.

No hay una separación en la que los hijos no sufran.

Por mucho que solo sea una de las partes con la que conviven o que la pareja les trate mal o que presencien violencia verbal entre sus padres,…

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¿Sabías que la desconfianza es un rasgo positivo?

Recientemente se han recibido varios avisos en la capital sobre intentos de secuestro de niños a la salida del colegio. Desgraciadamente, alguno de ellos se ha llevado a cabo y hace pocas semanas pudimos leer en la prensa cómo una niña de 9 años había sido secuestrada durante 5 horas. Al márgen de lo traumático que haya podido resultar para la niña o de las intenciones del secuestro, lo cierto es que había habido varios intentos previos en la misma zona y en otras cercanas.

Muchos padres alarmados se preguntan ¿cómo se pueden prevenir estas situaciones? ¿cómo hacer comprender a los niños que no deben hacer caso a los extraños?

Lo cierto es que nos pasamos gran parte del tiempo forzando a nuestros hijos a que cumplan con unos estándares culturales que no les apetecen demasiado: que hablen a adultos que no conocen mucho, que den besos aunque no quieran, que no lloren cuando les dejamos en un sitio poco conocido, que no se escondan detrás nuestro cuando se acerca alguien nuevo, etc.

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Los trastornos de la atención y la hiperactividad

Bajo este título, el doctor Jorge Ferré nos presenta toda una teoría sobre la importancia de considerar una multiplicidad de factores en el desarrollo de un Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. (TDAH).

Jorge Ferré médico inquieto abierto a multitud de enfoques y tratamientos nos presenta un riguroso resúmen sobre todos los factores que pueden estar incidiendo a la hora de que un niño presente síntomas de desatención o hiperactividad. Hace un exahustivo repaso a factores biológicos, ambientales, sensoriales o psicomotores que pueden explicar que un niño presente un comportamiento que a ojos de alguien poco experimentado puede pasar como un TDAH sin explicación aparente.

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¿Sabías que hay tres maneras de responder ante el estrés?

¿Qué pasa en nuestro organismo cuando nos encontramos ante una situación amenazante? Cuando nos sentimos vulnarables tendemos a responder básicamente de tres maneras diferentes: ataque, huída o parálisis. Es lo que en inglés se llama «las 3 F» fight, fly and freeze.

Y es que nuestro organismo trae de serie estos mecanismos de respuesta. A medida que maduramos y crecemos, vamos modelando estas conductas y nos adaptamos de una manera más flexible a las circunstancias que nos rodean, a las convenciones sociales y culturales que nos rodean.

Sin embargo, en un niño estas respuestas son observables de una manera más directa.

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¿Sabías que las emociones nos ayudan a adaptarnos al ambiente?

Evolutivamente está claro que para los humanos el hecho de experimentar emociones implica un avance con respecto a otra serie de animales que no las tienen. Así en la escala animal, los mamíferos (que poseen una parte en su cerebro que se dedica a las emociones) son animales evolutivamente superiores a los reptiles, por ejemplo (que son dueños de un cerebro mucho más básico).

Sin embargo, a los humanos, muchas veces las emociones nos juegan una mala pasada: no resulta agradable sentir angustia, ni celos, ni tampoco rabia.

Entonces, ¿cuál es el sentido de «sufrir» emociones desagradables?

La clave está en que las emociones en sí, no son buenas ni malas. Todos las tenemos y son increíblemente útiles para nuestra supervivencia. Lo que nos causa contrariedad es la mala gestión que hacemos de nuestras emociones o la interpretación que les damos, muchas veces condicionados por la cultura.

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¿Sabías que se puede enseñar inteligencia emocional en casa?

La inteligencia emocional es un término que se popularizó a raíz del libro de Daniel Goleman, publicado en 1995. Por Inteligencia Emocional se entiende la capacidad de conocer nuestros propios sentimientos y saber gestionar nuestras emociones.La inteligencia emocional se cultiva desde niños y genera autoconfianza y sana autoestima.

La clave para la educación de las emociones son los padres. Ellos pueden ayudar a sus hijos a comprender qué les sucede y qué pueden hacer con sus emociones para que no sean un impedimento en su rendimiento académico o en su adaptación social.

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Ventanas a nuestros niños

Este precioso libro es una perla dentro de la literatura enfocada a terapeutas.

Violet Oaklander es una psicoterapeuta americana crecida dentro de la terapia gestalt, una rama de la práctica terapéutica que podríamos encuadrar dentro de las terapias de la tercera vía. Es decir, su práctica no se encuentra dentro de la psicoterapia cognitivo conductual ni dentro del psicoanálisis sino en un grupo intermedio de terapias que se denominan humanistas.

Las terapias humanistas comparten la creencia en que el ser humano tiende al equilibrio y la salud emocional y el terapueta es un mero acompañante del cliente y un facilitador a la hora de encontrar el camino. Desde esta perspectiva, los síntomas como el estrés, la ansiedad o el insomnio se entienden como señales de un proceso emocional más amplio. Por tanto, no se trata de manera directa únicamente el síntoma sino que además, se trabaja el origen del malestar.

Dentro de las terapias humanistas, la aportación de Violet es de suma importancia dado que no existía literatura respecto a este tipo de terapia aplicada a los niños previa a la publicación de sus libros.

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