¿Qué nos debe preocupar del desarrollo de nuestro hijo?… entre los 3 y los 6 años

¡Qué difícil es la tarea de ser padre y madre! Y para ello no hay universidad que nos prepare. La experiencia es un grado que se va adquiriendo con el paso del tiempo y a medida que vamos aumentando la familia. Una vez que tenemos hijos, usamos como punto de referencia el desarrollo y evolución del hijo mayor. Pero siempre, y más aún con el primero, nos puede surgir la duda interior de si todo en nuestro pequeño irá transcurriendo por los cauces esperados.           

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¡Qué difícil es no saber hablar!

Cualquiera que tenga niños cerca habrá experimentado la frustración que implica no saber qué le sucede. Puede que tenga hambre, sueño, sed…pero no sabe comunicarlo. Sucede con un bebé que todavía no sabe hablar, con un niño adoptado que no conoce nuestro idioma o con un niño discapacitado que tarda en adquirir el lenguaje.

Con los bebés es lógico pasar por una etapa en la que no saben expresarse y las madres se las ingenian para interpretar todo tipo de signos que les den una pista sobre qué es lo que su hijo necesita. Es más, esta frustración por no poder comunicarse ayuda a que poco a poco vayan adquiriendo lenguaje.

Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos niños que presentan un retraso en la adquisición del lenguaje? La frustración, al principio ligera, que les anima a tratar de comunicarse va aumentando a medida que crecen y no obtienen resultados en su comunicación. Llegará un momento entonces en el que tiran la toalla y apenas inician contantos comunicativos, salvo en caso de necesidad imperiosa. Esto es lo que le sucede a muchos niños con discapacidad: autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, etc.

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Mi bebé es prematuro

“La primera vez que vi a mi bebé tras su inesperado y temprano nacimiento fue una experiencia impactante y sobrecogedora para mí: en la incubadora, lleno de cables por todas partes, rodeado de máquinas y aparatos múltiples… Mi hijo nació con 34 semanas de gestación y 2 100 gramos de peso. Su aspecto era frágil, vulnerable. Su piel era muy brillante y tan fina que a través de ella podían verse las venas, por lo que su color era rojizo o, a veces, violáceo. Todo su cuerpo estaba cubierto por un cabello fino y abundante llamado lanugo. Su cabeza era desproporcionadamente grande en comparación con el tamaño del cuerpo y sus piernas y brazos, largos y extremadamente delgados, sin apenas grasa sobre los huesos. Su pene era muy pequeño y aún no le habías descendido los testículos a las bolsas.

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Signos de alarma entre los 0 y los 3 años

Por Virginia Miramón

Cierta es la expresión de que los bebés no vienen al mundo con “manual de instrucciones”. A partir del segundo hijo y posteriores, los padres ya contamos en nuestro haber con la experiencia del primogénito, pero cuando somos primerizos suelen ser constantes las dudas que nos asaltan sobre el desarrollo de nuestro bebé, fundamentalmente por desconocimiento, falta de referencia e inexperiencia: “¿Son normales las conductas que realiza nuestro hijo a su edad? ¿Va alcanzando lo esperado o hay algo que debería llevar a cabo a su edad y que aún no hace? ¿Habrá algún tipo de retraso o desviación en su desarrollo con respecto a la normalidad?”,… entre otros muchos interrogantes.

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La lactancia materna exclusiva durante, al menos, 6 meses protege a los niños contra las infecciones comunes.

Siempre se ha hablado del elevado número de beneficios que aporta la lactancia materna en comparación con la alimentación a base de biberón. Es conocido que la leche materna tiene las vitaminas, grasas y proteínas que necesita el bebé en su justa medida, está siempre disponible, no se echa a perder, ayuda a generar un buen vínculo emocional madre-hijo y aporta defensas al bebé.

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Jugar con nuestro bebé

Como padres siempre buscamos lo mejor para nuestros hijos y les educamos de la manera que creemos más adecuada. Esta es la mejor forma en la que se puede educar, sin lugar a dudas. Ahora bien, como niños, nuestros hijos tienen una serie de necesidades que cubrir y nos necesitan para ello, sobre todo al inicio de su vida. Una de las principales necesidades, aparte de las básicas de supervivencia -comer o dormir- es la necesidad de jugar. A través del juego les damos a nuestros hijos cariño, afecto, les ayudamos a construir un vínculo, a moverse en el mundo tanto a nivel físico como social. Jugando, los niños adquieren una serie de habilidades básicas con las que manejarse en su día a día. Si nos fijamos en los cachorros de otras especies vemos que jugando aprenden conductas que les son fundamentales para la vida: se asean, cazan, se protegen, etc.

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