¿Cómo influye la relación de pareja en el desarrollo de los hijos?

La relación de pareja de los padres es un pilar fundamental en la vida de un niño. No solo es el modelo principal de interacción entre adultos, sino que también influye en su bienestar emocional, social y psicológico. Un ambiente familiar armonioso puede fomentar la seguridad y el desarrollo saludable del niño, mientras que una relación conflictiva puede generar estrés, ansiedad e incluso problemas de conducta. En este artículo, exploraremos cómo la relación de pareja de los padres impacta en sus hijos y qué aspectos deben considerarse para garantizar su bienestar.

El vínculo emocional y la seguridad del niño

Desde edades tempranas, los niños buscan seguridad en su entorno familiar. Los padres no solo brindan protección física, sino que también son su primera fuente de estabilidad emocional.

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Celos infantiles tras el nacimiento de un hermano

Los celos son emociones naturales que surgen cuando un niño siente que las personas más importantes en su vida, como sus padres o cuidadores, no le están dando la atención o el cariño que necesita o espera. Aunque estas emociones son comunes y forman parte del desarrollo infantil, pueden ser especialmente intensas cuando nace un nuevo hermano. En este contexto, es esencial que los padres comprendan cómo gestionar estos sentimientos y ayuden a sus hijos a adaptarse de forma saludable a esta nueva realidad familiar.

Uno de los escenarios más frecuentes en los que aparecen los celos infantiles es cuando el hermano mayor, que hasta entonces ha sido el centro de atención, debe compartir su espacio emocional con el nuevo miembro de la familia. Este proceso, a menudo denominado «el príncipe destronado», puede generar inseguridades en el niño mayor, que pasa de ser el único receptor del cariño y la atención de sus padres a tener que compartirlos con el recién nacido. El niño mayor puede interpretar la llegada del nuevo hermano como una amenaza, lo que puede derivar en la aparición de comportamientos de celos.

El nacimiento de un hermano conlleva cambios significativos para toda la familia. Además de la atención que se redistribuye, se alteran las rutinas diarias, los horarios, la disposición de las habitaciones e incluso los tipos de planes familiares. Este cúmulo de transformaciones puede generar estrés y ansiedad en el niño mayor, que, de repente, debe adaptarse a una dinámica completamente nueva.

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Los estilos de apego

El apego es una forma de vinculación que desarrollan los seres humanos a través de las figuras primarias, que tiene una función de supervivencia y ayuda a desarrollar un conjunto de respuestas para poder interactuar en la vida adulta.

En las relaciones padres – hijos se pueden dar distintos tipos de apego. El apego inseguro es la base de la disfunción de las relaciones entre padres e hijos, cuánto más inseguro sea el apego más nivel de insatisfacción existirá. El apego seguro implica saber que se encuentra la relación como un lugar seguro en
donde se satisfacen las necesidades.

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La resiliencia infantil: una consecuencia de los buenos tratos a los niños y niñas y a los adolescentes

Diferentes investigaciones señalan que algunos niños, niñas y adolescentes resisten mejor las adversidades, la enfermedad e incluso contextos dañinos o malos tratos. Este fenómeno se conoce como resiliencia, esto es, “la capacidad de una persona o grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro, a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves” (Manciaux, M., Vanistendael, S, Lecomte, J. y Cyrulnik, B., 2003).

 

La resiliencia infantil tiene que ver sobre todo con los vínculos afectivos que los adultos son capaces de ofrecerles a través del proceso del apego. La resiliencia no es algo innato y que solo unos pocos tienen la fortuna de nacer con ella, sino que emerge de la relación del niño o niña con su entorno, el entorno humano, lo que convierte a este fenómeno en un proceso y no en una respuesta inmediata a la adversidad.

 

Las fuentes de la resiliencia infantil, según el modelo ecosistémico, proceden de:

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¿Qué es la negligencia infantil?

La negligencia es un tipo de maltrato infantil caracterizado por cualquier acto de omisión de las necesidades básicas del menor ejercido por los progenitores o cuidadores principales, que pone en riesgo la salud física y psicológica del niño. Este tipo de maltrato es el más frecuente en la población infantil.

Tipos de negligencia infantil

Actualmente encontramos cinco tipos de negligencia infantil:

  1. La negligencia física. Consiste en la no satisfacción de las necesidades básicas, como pueden ser la vivienda, alimentación y vestimenta adecuadas. Por ejemplo, si se observan condiciones deficientes de higiene que puedan afectar a su salud o si el menor presenta golpes o heridas inexplicables por falta de supervisión adecuada.
  2. La negligencia médica. Se da cuando no se atienden las necesidades médicas del menor. Un ejemplo puede ser cuando los padres no participan en el seguimiento de las citas médicas o no administran el tratamiento médico prescrito.
  3. La negligencia emocional. Consiste en la desatención o el fracaso de los padres o cuidadores para responder a las necesidades emocionales del menor. Un ejemplo de ello puede ser el desprecio intencional hacia los sentimientos de un niño.
  4. La negligencia educacional. Supone la negación al menor del derecho de su propia educación, además de negar necesidades escolares especiales si se precisa.
  5. La negligencia de supervisión. En estos casos, los niños pasan mucho tiempo solos, frecuentando caídas, golpes difíciles de explicar o exponerse a situaciones peligrosas debido a una supervisión inadecuada de los cuidadores.

Factores de riesgo

La mayoría de los casos de maltrato infantil ocurren dentro de la familia. Los factores de riesgo más comunes son:

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¿Me debo preocupar si mi hijo tiene un amigo imaginario?

El amigo imaginario es una figura que aparece con bastante frecuencia en la infancia. Svendsen define amigo invisible como “un personaje invisible, nombrado y referido en conversaciones con otras personas con el cual el niño juega directamente”. Este autor explica que el amigo imaginario tiene un aire de realidad para el niño, pero no tiene ninguna base objetiva. Además, normalmente, el niño es consciente de que ese amigo imaginario es un producto de su imaginación, y entiende, por tanto, que no existe en la realidad.

Estas figuras imaginarias no tienen por qué ser siempre amigos, a veces puede tratarse de un hermano imaginario. Además, no siempre se trata de personas. En algunas ocasiones, el amigo imaginario es una mascota o un objeto no ficticio como peluches o muñecas, pudiendo aparecer varios en distintas etapas.

Los amigos imaginarios suelen aparecen desde los dos o tres años hasta los siete u ocho, momento en el que comienza a aparecer un pensamiento lógico. La existencia de amigos imaginarios en niños es bastante elevada. Según menciona Delgado (2007), entre un 12% y un 33% de los niños entre los dos años y medio y los seis, crean amigos imaginarios.

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¿Cómo fortalecer el vínculo con nuestros hijos e hijas?

El interés por el apego comienza a principios del siglo pasado cuando Harlow, investigando el aprendizaje en macacos, se dio cuenta que, al separarlos prematuramente de sus madres, éstos presentaban problemas psicológicos como agresividad, apatía o aislamiento. Continuando con los estudios, se dio cuenta que éstos preferían pasar la noche con una “madre de fieltro” en lugar de una figura metálica que les proporcionaba comida a pesar de tener hambre. En otras palabras, parece ser que existe una tendencia innata a vincularnos para sentirnos protegidos que prima sobre otras necesidades.

Generalmente, se usa el concepto apego para hacer referencia al afecto, la devoción o la estima que se siente hacia una persona o cosa. Sin embargo, en psicología, se alude a un vínculo afectivo intenso que se establece hacia las personas de referencia y que perdura en el tiempo. Se trata de una necesidad como respirar o comer, y una buena vinculación va a asentar la visión del mundo y la forma de relacionarse con él de nuestros pequeños.

Durante la infancia, los niños y las niñas deben interiorizar en poco tiempo todo aquello que les permitirá manejarse por el mundo y el desarrollo de un buen apego es igual de importante como aprender a leer o multiplicar. Está demostrado que antes, durante y después del parto el establecimiento del vínculo ya se ha puesto en marcha y que las caricias y el contacto corporal van a intervenir en el desarrollo del cerebro.

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El vínculo prenatal durante el embarazo

¿Qué es el vínculo prenatal?

Es el lazo emocional que se desarrolla entre los padres y el bebé mientras está en el útero de la madre. Es todo aquello que madre y pareja hacen y piensan sobre su bebé para interactuar y conectar con él antes del nacimiento.

Aunque esta unión puede sentirse desde las primeras semanas de embarazo, se intensifica durante el tercer trimestre cuando empiezan a aumentar los movimientos fetales del niño.

¿Por qué es tan importante sentirse vinculada/o con el bebé durante el embarazo?

La creación de un buen vínculo durante el embarazo facilita la transición de la mujer y la pareja a su rol parental.  Permite imaginar y poner en práctica escenarios futuros de la parentalidad de manera adecuada y navegar por los cambios emocionales que conlleva esta etapa.

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La vuelta al cole y la ansiedad de separación

Este año atípico que estamos viviendo con un final de curso nuevo para todos, unas vacaciones inusuales y una vuelta al colegio incierta hace que nos planteemos cómo va a ser todo cuando el nuevo curso empiece…si es que empieza con cierta normalidad.
Una de las cuestiones que nos planteamos es que después de estar en casa juntos padres e hijos desde el mes de marzo unos teletrabajando y otros telestudiando, es probable que la separación y volver a ir a la escuela todos los días, sea costosa.

¿Qué es la ansiedad de separación?

A esta situación es a lo que llamamos ansiedad de separación. Es un fenómeno que surge de manera natural en todos los bebés en torno a los 8 meses. Hasta ese momento, muchos no muestran intranquilidad si en lugar de estar en brazos de su madre o padre les coge una abuela, un tío o un amigo de la familia. Pero llega un momento en que la preferencia por ser cogido y tocado solo por la figura de apego principal se hace evidente.
Este momento suele coincidir evolutivamente con el momento en el que los niños aprenden a desplazarse por sus propios medios y pueden empezar a alejarse de sus figuras de cuidado.

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La influencia del confinamiento en la habilidades parentales

Como algunos de vosotros ya sabéis, aprovechamos el confinamiento para llevar a cabo una investigación sobre las habilidades parentales de padres y madres durante este periodo. Desde que se decretó el estado de alarma nuestro interés se centró en saber si la situación extraña y nueva para todos podía traer algo positivo. Es decir, si un estresor en principio considerado como negativo podía dar como resultado una mejora en algún aspecto dado que ha significado un reto especialmente para aquellas personas que han tenido a sus hijos en casa al mismo tiempo que han continuado trabajando (tanto dentro como fuera de casa).

Estamos muy orgullosas de la alta participación, habiendo superando las 90 respuestas. Tras analizar en detalle los resultados, queremos aprovechar para exponeros algunas de las cuestiones que hemos observado.

Para realizar el estudio hemos utilizado la Escala de Parentalidad Positiva E2P elaborada por Esteban Gómez, director de la Fundación América por la Infancia y María Magdalena Muñoz de ideas para la infancia, ambos en Chile. La escala se compone de 4 cuestionarios en función de los siguientes tramos de edad: de 0 a 3, de 4 a 7, de 8 a 12 y de 13 a 18. En cada uno de ellos, los items giran en torno a cuatro aspectos que componen, según los autores, las competencias parentales y que son las siguientes:

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