¿Cómo se manifiesta la depresión infantil?

Tendemos a pensar que la infancia es una de las etapas “más felices” de la vida, y que los niños son ajenos al malestar, a los cambios y a los estados emocionales desagradables o negativos. Tendemos a creer que sus preocupaciones no son importantes ni relevantes como para crear en ellos un estado de malestar significativo. Sin embargo, la depresión y la ansiedad son trastornos bastantes comunes en la infancia y la adolescencia.

Allí donde los adultos no ponen palabras, las pondrán los niños y, a veces, las palabras y las explicaciones que ellos se dan, para que las cosas que ocurren a su alrededor y dentro de ellos mismos tengan sentido y coherencia, no son las más funcionales y adaptativas, generando en el niño un enorme malestar que se va haciendo más grave a medida que pasa el tiempo y no es tratado adecuadamente.

¿Qué signos nos indican que un niño puede estar sufriendo un estado de depresión?

Desde un punto de vista teórico y aplicado, definir la depresión infantil no es sencillo, puesto que la cognición de niños y adolescentes está en pleno desarrollo, pero no por ello debe de ser obviada, por lo que, en la actualidad, la comunidad científica admite la depresión infantil como un trastorno afectivo similar a la del adulto, pero con ciertas diferencias.

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¿Cómo trabajar la frustración en la infancia?

La frustración hace referencia a un sentimiento que surge cuando no logramos conseguir nuestros deseos; y generalmente los niños suelen responder ante él con expresiones de ira o ansiedad, aunque también pueden presentarse respuestas físicas.

 

Los niños cuando son pequeños quieren todo y lo quieren ya, no saben esperar. Por ello, cuando no les damos lo que quieren se enfadan, lloran, tienen rabietas; en definitiva, se frustran.

 

Para lograr un buen manejo y tolerancia hacia la frustración, es importante enseñarles desde pequeños, ya que gran medida depende de lo que hagan los padres. Para ello, hay que tener en cuenta y ser consciente de que si siempre que quiere algo lo consigue y de forma inmediata o le evitamos el sufrimiento a nuestro pequeño, no le estaremos enseñando a manejar sus emociones ni sus conductas.

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¿Pueden las nuevas tecnologías generar una adicción?

Normalmente cuando hablamos de adicción, nos referimos a adicción a sustancias. Sin embargo, no siempre es necesaria una sustancia. En cuanto al uso patológico de las nuevas tecnologías hay quien no tiene claro que pueda llegar a convertirse en una adicción. En este artículo nos gustaría poder analizar si el uso excesivo de las nuevas tecnologías puede llegar a comportarse como una droga.

¿Qué se considera una droga?

Una droga es cualquier sustancia que, tras haber sido introducida en el organismo produce una alteración del funcionamiento del Sistema Nervioso Central (SNC) de quien la consume y, además, tiene la capacidad de crear dependencia (adicción). Esto implica dos aspectos. Genera tolerancia, es decir, la persona necesita cantidades cada vez mayores cantidades de consumo para que cause el mismo efecto. Y síndrome de abstinencia: intenso malestar en la persona cuando cesa o disminuye el consumo.

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¿Qué es el temperamento?

Todos hemos oído hablar del temperamento y entendemos que es un concepto que tiene que ver con la personalidad, con la forma de ser de cada uno. El temperamento es algo que se relaciona con las bases biológicas de la personalidad (genética), es algo con lo que nacemos.
Diferentes expertos se han atrevido a hablar acerca del temperamento, y han visto que el temperamento se relaciona con las diferencias individuales, es decir, con las diferencias que hay entre la forma de actuar o de reaccionar de uno y de otro en diferentes situaciones. El temperamento tiene la función de procesar la información que viene del exterior y regular y controlar las conductas. Se podría decir que su función principal es la regulación de las propias conductas, el control sobre ellas y la forma de expresarlas.
Se trata de un término muy amplio que está relacionado con las distintas dimensiones de la conducta, entendidas de manera individual, que surge cuando los niños son pequeños y representa la base de lo que será su futura personalidad. Es relativamente estable en el tiempo, aunque puede verse modificado en sus manifestaciones por la influencia de su entorno, especialmente por medio de las prácticas educacionales de los padres.

En resumen, podemos entender el temperamento como la respuesta a los cambios del entorno (como reaccionamos) incluidas nuestras reacciones corporales (sudores, palpitaciones…), el miedo y la inhibición ante lo nuevo, la impulsividad, el ánimo positivo o negativo, el nivel general de actividad, la atención constante y la autorregulación.

Especial interés tiene la influencia de los estilos educativos en cuanto a la formación del temperamento. Se pueden identificar tres estilos básicos de educación de padres hacia sus hijos:

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Los niños pequeños y las nuevas tecnologías

Hasta hace unos años hablar de niños pequeños y nuevas tecnologías parecía algo imposible. Era como si no se pudiesen usar esas dos palabras juntas en una frase dado que los niños muy pequeños no tenían acceso a ellas.
Actualmente, con el boom de las tabletas y los móviles inteligentes el acceso a las nuevas tecnologías está a la mano de cualquiera y parece que especialmente a la mano de los más pequeños.
No queremos ser tremendistas porque está claro que el uso de las nuevas tecnologías es algo que tendremos que ir integrando en la educación de los más pequeños pero hay ciertas cuestiones que deberíamos tener en cuenta.

Serge Tisseron, psiquiatra francés, habla de cuatro etapas en el uso de las pantallas. Éstas etapas abarcan tramos de edad hasta los 3, 6, 9 y 12 años. Según Tisseron lo recomendable sería que los niños hagan un determinado uso de las pantallas en cada una de las etapas y los recomendado en la etapa de cero a tres años es que tengan el menor contacto posible o incluso ningún contacto con pantallas.

¿Por qué esta reticencia de los expertos a que los niños pequeños no tengan contacto con las tabletas, móviles y ordenadores?

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Emocio CAMP: campamento urbano para el desarrollo emocional de niños y niñas

Cada semana trabajaremos un tema mediante la imaginación, el juego y la relajación. Aprenderemos a relacionarnos con los demás, controlar nuestras emociones y querernos y cuidarnos a nosotros mismos.

Beneficios del aprendizaje de habilidades sociales en EmocioCAMP:

 

  • En ambiente lúdico, la relación social es diferente a la escolar, es más espontánea. En este entorno, aprenderemos normas sociales, empatía y compañerismo.
  • Podremos extraer experiencias positivas de las relaciones entre iguales, que nos servirán para desarrollar el optimismo y la confianza en nosotros mismos.
  • Las relaciones sociales favorecen actitudes de resolución de conflictos de manera práctica y positiva.
  • Descubriremos las consecuencias de nuestros actos sobre los demás, favoreciendo la asertividad.

 

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Redimensionar un problema

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Cada vez que nos enfrentamos a un problema, una situación conflictiva o algo que nos preocupa lo hacemos de manera diferente según en qué lugar coloquemos esa situación respecto a nosotros mismos. Puede ser algo que está dentro de nuestra zona de control y entonces, sin necesidad de nadie más, podré solucionarlo solo. Puede ser algo que no controlo pero está en nuestra zona de influencia y por tanto, con la ayuda de alguien -un mediador, un experto,..- podré gestionarlo. O puede ser algo que escapa totalmente a nuestra zona de control y por tanto, en este nivel, poco me queda salvo la aceptación. Dónde situemos cada cosa depende de nuestra capacidad para evaluar en qué zona está la situación a la que nos enfrentamos.

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Los talentos y la autoestima

La autoestima de los niños es siempre un tema preocupante para los padres. A la mayoría les inquieta que su hijo tenga una sana autoestima, a muchos, que su autoestima sea débil y se vaya a ver afectada ante la más mínima contrariedad, a otros les preocupa que el niño tenga un estima «exagerada» y que resulte pedante o se de aires de superioridad,…

Lo primero que tratamos de aclarar es que nunca se tiene una autoestima «exagerada». Alimentar el amor propio o el aprecio por uno mismo nunca se hace en demasía.

Lo que algunos padres interpretan como pedantería o superioridad de sus hijos, muchas veces es una máscara que utilizan los niños cuando su autoestima es baja. A este fenómeno se le llama «autoestima sobrecompensada».

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La necesidad de ser reconocido como víctima

Parece una tontería sí, pero si nos fijamos bien, cuando un niño se da un golpe lo primero que hace es buscar a un adulto para que se dé cuenta de lo sucedido. Este gesto simple que a veces pasa inadvertido tiene más implicaciones psicológicas de lo que parece.

La primera fase de la curación pasa porque aquellos que cuidamos del menor nos demos cuenta de lo que le ha pasado.

No hay niño que no busque a sus padres o cuidadores principales cuando le sucede algo. Ya sea un golpe pequeño y un gran tortazo. Si se pillan un dedo, si se dan un coscorrón, si se tropiezan con la esquina de la mesa…lo primero que hace un niño es girarse y buscar el reconocimiento en sus cuidadores de qué es lo que le ha sucedido.

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El TDAH y los trastornos de conducta

Los trastornos de conducta o del comportamiento perturbador son aquellos en los que el niño o adolescente se muestra hostil, agresivo o desobediente llegando a veces a manifestar conductas distorsionadas, destructivas o antisociales. Estos síntomas y conductas aparecen en la interacción con las figuras de apego y también en el resto de ámbitos donde se mueve el menor: familia extensa o escuela.

Sin llegar a manifestar un «trastorno» es frecuente que muchos niños presenten síntomas de este tipo de manera aislada u ocasional: niños desobedientes, con muchas rabietas, con dificultades para tolerar la frustración.

En muchas ocasiones, los profesionales sanitarios no contemplan esta posibilidad a la hora de valorar a un niño con un posible TDAH. Como bien explica la neuropsicóloga Paloma Mendez parece que existe una tendencia a un sobrediagnóstico de TDAH en niños que únicamente presentan síntomas aislados de problemas conductuales. 

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