Muchos padres se extrañan cuando sus hijos les preguntan: ¿Papá, tú cuándo te vas a morir? o Tengo miedo de que te mueras. Siempre surge la duda de por qué, derepente y sin venir a cuento, el niño piensa que me muero: ¿habrá oído algo sobre la muerte en el colegio? ¿Algún papá de un compañero se habrá muerto?
Puede que sí, pero no siempre estas dudas surgen por algo externo que lo desencadena. En ocasiones el miedo a la muerte aparece por un sentimiento interno. Y es que, como especie, es lógico que tengamos miedo a la muerte. Eso nos ha ayudado a sobrevivir a lo largo de años y años de evolución.
Escrito en nuestro ADN, existe un miedo primitivo a la muerte.
Y no sólo a la muerte. También a la oscuridad o a los extraños.