Dormir fuera de casa suele verse como algo divertido y apetecible para los niños. Sin embargo, no todos lo viven de la misma manera. Mientras algunos lo esperan con ganas, otros reaccionan con un miedo intenso que puede resultar difícil de comprender para los adultos. No es que prefieran su cama ni que “no les apetezca el plan”: es un rechazo que, en muchos casos, aparece acompañado de miedo, angustia y/o malestar físico.
Para las familias, este tipo de reacción suele ser desconcertante, sobre todo cuando el entorno percibe dormir fuera como algo deseable o esperable para su edad. Aun así, este tipo de respuesta no suele ser motivo de alarma, sino más bien una señal de que el niño necesita más seguridad y acompañamiento emocional en ese momento.
No es un capricho, es miedo