Muchas veces los padres nos preguntamos por la crueldad innecesaria de determinadas historias que se suponen para un público infantil. ¿Quién no ha llorado con la muerte de la madre de Bambi o ha sufrido con la historia original de La Sirenita de Hans Christian Andersen? ¿Y a quién no le parece cruel que Caperucita Roja tenga que ser engullida por el lobo para aprender la lección? No es que los adultos que han elaborado estos cuentos sean crueles y quieran hacer sufrir a los niños que tienen a su alrededor, si no que los cuentos son una manera de transmitir situaciones realistas que los niños viven en carne ajena. La transmisión oral de historias es una práctica muy antigua que se plasma luego en los cuentos y, más tarde, en las películas infantiles. Y es la manera que tenemos los adultos de trasmitir valores y técnicas de resolución de conflictos de una manera alegórica y simbólica.