Dormir fuera de casa suele verse como algo divertido y apetecible para los niños. Sin embargo, no todos lo viven de la misma manera. Mientras algunos lo esperan con ganas, otros reaccionan con un miedo intenso que puede resultar difícil de comprender para los adultos. No es que prefieran su cama ni que “no les apetezca el plan”: es un rechazo que, en muchos casos, aparece acompañado de miedo, angustia y/o malestar físico.
Para las familias, este tipo de reacción suele ser desconcertante, sobre todo cuando el entorno percibe dormir fuera como algo deseable o esperable para su edad. Aun así, este tipo de respuesta no suele ser motivo de alarma, sino más bien una señal de que el niño necesita más seguridad y acompañamiento emocional en ese momento.
No es un capricho, es miedo
Para un niño, dormir fuera de casa implica separarse de sus figuras de seguridad, perder la estabilidad que le aportan sus rutinas y enfrentarse a un entorno menos controlable. Durante la noche, cuando disminuyen los estímulos externos y hay menos distracciones, la necesidad de seguridad aumenta y, con ella, la dificultad para autorregularse emocionalmente.
Desde la teoría del apego se entiende que los niños utilizan a sus cuidadores como una base segura desde la que exploran el mundo. Cuando esta base no está disponible, especialmente durante la noche, el sistema de alarma puede activarse con mayor intensidad, generando ansiedad y conductas de evitación (Bowlby, 1988; Ainsworth et al., 1978).
En consulta observamos que el rechazo intenso a dormir fuera de casa rara vez aparece de forma aislada. Suele estar relacionado con momentos evolutivos concretos en los que la ansiedad por separación es más intensa, con dificultades en la autorregulación emocional o con temperamentos especialmente sensibles a los cambios y la incertidumbre (Kagan, 1997). En otros casos, influyen experiencias previas que el niño ha vivido como desbordantes, aunque desde fuera no lo parecieran.
Acompañar el miedo, ¿por qué insistir no es la solución?
A menudo, sin darnos cuenta, los adultos tendemos a comparar al niño con otros o a sostener la idea de que “debería” vivir esta experiencia de otra manera. Sin embargo, estas comparaciones suelen aumentar la sensación de incomprensión y soledad emocional. El miedo no se calma con explicaciones ni con comparaciones. Suele ir reduciéndose cuando el niño se siente acompañado, comprendido y seguro, y no presionado a enfrentarse a algo para lo que quizá todavía no está preparado.
Durante la infancia es bastante habitual que a algunos niños no les apetezca o les cueste dormir fuera de casa. El desarrollo emocional no avanza al mismo ritmo en todos, y no todos los niños están preparados para separarse de la misma manera ni en el mismo momento.
Lo que sí conviene observar es cuándo ese miedo es muy intenso, no se va con el tiempo, limita su día a día o empieza a generar mucho malestar, tanto en el niño como en la familia. En esos casos, más que esperar a que “se le pase”, puede ser buena idea pararse a mirar qué está necesitando ese niño.
¿Qué hacer para acompañar estos casos?
A veces basta con recordar que no todos los niños están preparados para dormir fuera al mismo tiempo, y que forzar ese proceso no suele ayudar. Hablar del plan con calma, sin presiones ni comparaciones, puede aliviar parte de la ansiedad.
En muchos casos, pequeñas experiencias intermedias permiten que el niño vaya ganando confianza poco a poco. Y cuando el miedo es muy intenso o empieza a condicionar el día a día, pararse a mirar con más profundidad lo que le está ocurriendo al niño y contar con apoyo profesional puede ser una forma de acompañar mejor el proceso.
Referencias
Bowlby, J. (2014). Apego y pérdida. Vol. 1: El apego (2.ª ed.).
Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. (s. f.). Miedos evolutivos y ansiedad en niños
Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Psychology Press.
Kagan, J. (1997). Galen’s prophecy: Temperament in human nature. Basic Books.
Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente. Ansiedad por separación en la infancia.
Por Miriam Martín Juberías