Cuando vemos a un niño que no habla en ciertos contextos, es fácil pensar que es simplemente tímido. Sin embargo, cuando el silencio se convierte en una constante, especialmente en situaciones sociales, podríamos estar ante un caso de mutismo selectivo (MS), un trastorno de ansiedad que afecta a muchos niños y que a menudo pasa desapercibido.
¿Qué es el mutismo selectivo?
El mutismo selectivo es un trastorno que va más allá de la timidez. Se caracteriza porque el niño, aunque sabe hablar y lo hace sin problemas en casa, deja de hacerlo en ciertos contextos, como en la escuela o con personas con las que no se siente seguro. Este comportamiento no se debe a un problema del lenguaje ni a una incapacidad física para hablar, sino a una ansiedad intensa que bloquea su capacidad para comunicarse de manera verbal.
¿Cuándo aparece el mutismo selectivo?
Este trastorno suele manifestarse antes de los 5 años, aunque en muchos casos no se identifica hasta que el niño comienza la escuela, donde se espera que interactúe con otros adultos y compañeros. Es más frecuente en niñas que en niños. Aunque las causas exactas no se conocen, a menudo está relacionado con otros trastornos de ansiedad y puede haber antecedentes familiares de timidez extrema, ansiedad o incluso depresión.
Diferencias entre timidez y mutismo selectivo
Aunque pueden parecer similares, hay diferencias clave entre la timidez y el mutismo selectivo:
- La timidez mejora con el tiempo: Un niño tímido suele adaptarse gradualmente a nuevas situaciones y empieza a interactuar. En cambio, un niño con mutismo selectivo continúa evitando hablar incluso después de haberse expuesto repetidamente al mismo entorno.
- Impacto en la vida diaria: Los niños con mutismo selectivo enfrentan mayores interrupciones en su vida cotidiana. La incapacidad de hablar dificulta que hagan amigos, participen en clase o pidan ayuda en situaciones de emergencia. En cambio, los niños tímidos, aunque inicialmente reservados, logran relacionarse y adaptarse con relativa facilidad.
- Respuestas a extraños: Los niños tímidos responden con palabras cortas o en voz baja cuando se les pregunta algo, mientras que los niños con mutismo selectivo no emiten ninguna respuesta verbal.
Signos de alerta
Algunos indicios que pueden señalar la presencia de mutismo selectivo son:
- Hablar con normalidad en casa, pero permanecer en completo silencio en la escuela o con personas fuera de su círculo cercano.
- Incapacidad para hablar incluso con adultos conocidos cuando hay otras personas presentes.
- Dificultad para interactuar verbalmente con compañeros en la escuela.
- Parecer “congelado” o “desconectado” en situaciones sociales.
- Usar gestos, expresiones faciales o movimientos de la cabeza en lugar de hablar.
Para que el diagnóstico sea de mutismo selectivo, estos síntomas deben mantenerse durante más de un mes y no deben explicarse mejor por otros trastornos, como el espectro autista o eventos traumáticos recientes.
¿Cómo ayudar a un niño con mutismo selectivo?
La clave para ayudar a un niño con mutismo selectivo es proporcionarle un entorno seguro y libre de presión. Aquí te dejamos algunas estrategias:
En casa:
- Apoyo sin presión: No lo obligues a hablar si no se siente preparado. Presionarlo solo aumenta su ansiedad.
- Evitar castigos: No castigues ni critiques al niño por no hablar. Esto puede aumentar su frustración.
- Respetar su ritmo: Celebra cada pequeño logro. Avanzar a su propio ritmo es fundamental.
- Crear un ambiente seguro: Asegúrate de que el niño se sienta cómodo en situaciones nuevas sin forzarlo.
- No hablar por él: Aunque puede ser tentador, permite que sea él quien intente comunicarse.
En la escuela:
- Elogiar la comunicación no verbal: Reconoce y valora los gestos o expresiones faciales que utilice para comunicarse.
- Adaptación gradual: Permitir que los padres acompañen al niño los primeros días de clase puede ayudar a que se sienta más cómodo.
- Trabajo en grupos pequeños: Las interacciones en grupos reducidos o por parejas son menos intimidantes que en grupos grandes.
- Dar opciones: Permite que el niño elija con quién trabajar o sentarse, dándole mayor control sobre la situación.
El mutismo selectivo es un trastorno desafiante tanto para los padres como para los educadores, pero con el apoyo adecuado, los niños pueden superarlo. Lo más importante es respetar sus tiempos, no presionarlos y celebrar sus pequeños avances. Si sospechas que tu hijo puede tener mutismo selectivo, es fundamental buscar ayuda de un profesional de la salud mental que pueda diseñar un plan de intervención personalizado.
Por Mª del Carmen Armillas Lliteras.