Cómo influyen las nuevas tecnologías en el desarrollo infantil

Vivimos en un mundo donde la tecnología está presente en cada rincón de nuestro día a día. Como padres, es normal preguntarse cómo afecta esto al desarrollo de los hijos. Queremos lo mejor para ellos, pero a veces nos vemos atrapados entre la comodidad que ofrecen las pantallas y la preocupación por sus posibles efectos negativos.

El Cerebro de los hijos y las pantallas

El cerebro de los niños está en plena construcción. En este proceso, hay tres niveles esenciales que se desarrollan de forma progresiva:

  • El cerebro reptiliano, que se encarga de funciones básicas como la respiración y la supervivencia.
  • El cerebro mamífero, que gestiona las emociones y la memoria.
  • El neocórtex, es la parte más sofisticada del cerebro, donde residen funciones como el razonamiento, el control de los impulsos, la regulación emocional o la resolución de conflictos. Esta área del cerebro se desarrolla por la interacción social, el juego y la exploración del mundo real. Por ello es la que más sufre cuando los niños están expuestos a pantallas en exceso, dando lugar a dificultades para concentrarse, mayor impulsividad y menor tolerancia a la frustración.

¿Cómo afecta el uso de pantallas al desarrollo físico?

El sedentarismo es una de las grandes consecuencias del abuso de la tecnología. Los niños necesitan moverse, correr, saltar y explorar su entorno. Si pasan demasiado tiempo frente a una pantalla, pueden desarrollar problemas posturales, fatiga visual e incluso dificultades en el sueño, especialmente cuando usan dispositivos antes de acostarse.

No se trata de demonizar la tecnología, sino de asegurarnos de que nuestros hijos tengan suficiente tiempo para jugar al aire libre y hacer ejercicio.

El impacto en las emociones y la socialización

Los niños aprenden a relacionarse observando y participando en interacciones humanas. Si en lugar de eso, pasa largas horas frente a una pantalla, puede tener más dificultades para interpretar gestos, expresar sus sentimientos y desarrollar empatía.

Además, el contenido al que acceden en internet y redes sociales puede influir en su estado emocional. Exponerse a estímulos rápidos y constantes puede aumentar los niveles de ansiedad e incluso generar adicción.

Señales de alerta de una posible dependencia a las pantallas

Es importante como padres estar atentos a posibles señales que pueden presentar los hijos y que pueden indicar que el uso de pantallas está afectando a su salud mental:

  • Irritabilidad o enfado excesivo cuando se les limita el uso de dispositivos.
  • Perdida de interés en otras actividades.
  • Problemas de concentración o bajo rendimiento académico.
  • Cambios en su estado de ánimo.
  • Dificultad para dormir.
  • Uso de pantallas como escape a los conflictos

¿Qué podemos hacer como padres?

No se trata de prohibir el uso de pantallas, sino de encontrar un equilibrio saludable. Algunas estrategias que pueden ayudarnos incluyen:

  • Establecer límites claros sobre el tiempo de uso y los horarios en los que se pueden utilizar.
  • Supervisar el contenido: que sea adecuado a su edad, evitando la exposición a información dañina.
  • Fomentar el juego libre y al aire libre, permitiendo que nuestros hijos exploren el mundo real.
  • Ofrecer alternativas atractivas, como el ejercicio físico, la lectura, la música, el dibujo o la cocina.
  • Dar ejemplo: si nosotros estamos siempre con el móvil en la mano, será difícil que ellos aprendan a desconectarse.
  • Evitar pantallas antes de dormir, para que su descanso no se vea afectado.

Los niños necesitan tiempo para el aburrimiento, porque es en esos momentos cuando surge la creatividad y la imaginación. Si siempre recurrimos a la tecnología para entretenerlos, les estamos quitando la oportunidad de desarrollar su propio mundo interior.

La tecnología mal utilizada puede alejar a los niños del asombro natural que sienten por el mundo real. Si reemplazamos la exploración, el juego libre y la creatividad por estímulos digitales constantes, estamos limitando su capacidad de desarrollar un pensamiento profundo y reflexivo.

Por Carmen Herráiz Ladrón de Guevara

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