¿Cómo podemos identificar las emociones?

Enseñar a nuestros hijos qué son las emociones, cómo se sienten y por qué es bueno conocerlas, es un paso importante para un buen desarrollo psicosocial.

Si partimos desde el principio, entendemos que los niños no tienen ningún conocimiento sobre las emociones y lo ideal sería empezar con una explicación sencilla dando una definición simple. Por ejemplo: “las emociones son lo que sentimos cuando nos pasan cosas, a veces nos sentimos bien con ellas y otras no tanto”.

Continuaremos después de esta explicación, presentando las emociones básicas para diferenciar las que nos hacen sentir bien y con las que nos sentimos mal. Las emociones primarias son las más fáciles de entender y a través de ejemplos haremos el proceso de aprendizaje más sencillo. Así tenemos:

  • Alegría: cuando algo nos hace felices y nos sentimos satisfechos (“he aprobado el examen de matemáticas”)
  • Tristeza: cuando nos sentimos desanimados o enfrentamos una situación difícil (“papá me ha regañado por no recoger la habitación”)
  • Ira: cuando sentimos que algo es injusto o que nos han tratado mal (“en el cole me han roto mi juguete favorito”)
  • Miedo: es la respuesta ante un peligro o amenaza, nos prepara para mantenernos a salvo (“me da miedo subirme a ese árbol, porque me voy a caer”)
  • Asco: cuando algo es desagradable o sucio (“¡qué asco me da el brócoli!”)

Además de esta explicación, algo muy beneficioso es acompañarlo con recursos visuales como tarjetas o muñecos que representen las emociones, juegos… También leer cuentos o ver películas que las expliquen (un ejemplo muy reciente es la película “Inside Out” que además de explicar las emociones y la función que tienen, nos explica por qué todas son importantes). Por otra parte, y para asegurarnos que lo han entendido, es interesante jugar con ellos, por ejemplo, imitando emociones y que ellos tengan que adivinar cuál estás representando.

Una vez que los niños han aprendido qué son las emociones, cómo las sienten y para qué sirven, es el momento de empezar a poner en práctica lo que hemos enseñado, preguntando activamente “¿cómo te sientes?”, “¿qué tal estás?” e interesándonos realmente por lo que nos responden. Con una escucha activa y validando lo que sienten sin juzgar, conseguimos reforzar el vínculo padres-hijos, que confíen más en vosotros acudiendo a pediros ayuda si la necesitan, construyendo un lugar seguro para ellos.

También es importante el modelaje de las emociones, explicarles a los niños tus propias emociones en el momento, por qué estás feliz o qué te está poniendo triste, ayuda a que interioricen mejor cómo funcionan las emociones. En otras situaciones, el modelaje de emociones les sirve de referencia para que cuando vivan situaciones similares tengan un previo aprendizaje de cómo comportarse y teniendo una conducta y respuesta adecuada de la emoción relativa a la situación que viven. Es decir, según como reacciones en las situaciones cotidianas que ocurren en el día a día, es más probable que tu hijo imite tu reacción.

Si estas situaciones las practicamos y reforzamos, por ejemplo, felicitando al niño cuando identifica su emoción, es mucho más fácil que el niño identifique cómo se siente y tendrá más herramientas para una conducta adecuada.

A la hora de practicar emociones, hay varias dinámicas, además de las mencionadas anteriormente, muy útiles que proponemos a continuación:

  • “Semáforo de emociones”: A través de un dibujo o una foto de un semáforo, enseñamos al niño a señalar mediante los colores que cuando el semáforo está:
    • Verde: estoy tranquilo y feliz
    • Amarillo: estoy un poco triste o un poco molesto
    • Rojo: estoy enfadado o triste
  • “Termómetro de las emociones”: Dibujamos un termómetro donde la baja temperatura sería “calmado” y la temperatura más alta sería “muy enfadado o triste” y pídele que marque en el termómetro cómo se siente en ese momento. También podéis señalar diferentes “temperaturas” del termómetro de las emociones y decir situaciones correspondientes a lo que habéis señalado.
  • Diario de emociones: si el niño está teniendo dificultades para entender cómo se siente o simplemente queremos reforzar el aprendizaje de las emociones, podemos crear a partir de un cuaderno, un diario de emociones en el que cada día escriba o dibuje cómo se siente y por qué.
  • Hablar en familia: un ratito al día, cuando la familia esté reunida, a la hora de la cena por ejemplo, preguntar a cada miembro cómo ha ido el día, qué emociones han sentido y qué las han provocado.

Por último, para que el niño aprenda a identificar las emociones, además de llevar a la práctica todo lo mencionado con anterioridad es importante crear un entorno seguro donde pueda expresarse y sea validado en lo que dice, fomentando una relación basada en la confianza y la comprensión. También, está bien enseñar estrategias de regulación, para cuando las emociones son muy fuertes o negativas, practicar juntos respiraciones profundas o crear un “rincón de la calma” o incluso contar juntos hasta 10 hasta que consigamos bajar el nivel de activación. El último punto sería principalmente de padres a hijos que consistiría en la observación, dejar que el niño se desenvuelva y exprese sus emociones para ver si realmente lo está haciendo de manera adecuada o incluso guiarle a lo que siente “veo que estás frunciendo el ceño, ¿estás molesto por algo?”, esto le da a entender al niño que está siendo escuchado y validado.

Deja un comentario